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lunes, 30 de marzo de 2015

LUCIN, la UNICA SOBREVIVIENTE del Genocidio Armenio en Argentina

 
 
 
“No sé por qué lo hacían”
Entrevista a la única sobreviviente en Argentina Tiene 105 años. Fue testigo de la masacre de su pueblo, perdió a sus padres y escapó a la Argentina. 

 

Una nota de Daniel Vittar para CLARIN, Buenos Aires, 28 de marzo de 2015


 
Lucin tiene el pelo blanco y la piel marcada por los años. Su rostro conserva una belleza ajada y una expresión rebelde de hidalguía, pero suele perderse en imágenes maltrechas. Lucin tiene 105 largos años, y enarbola la osadía de haber sobrevivido al siniestro Genocidio Armenio.

 
Allí perdió temprano a su madre, y después a su padre. Los hermanos se dispersaron en un mundo de revoluciones y países nacientes. Lucin creció con el ritmo estremecedor del Siglo XX. Los psicólogos denominan resiliencia a la capacidad que tienen algunas personas para adaptarse y superar la adversidad y el dolor. Lucin lo llama suerte. “Tuve suerte”, dice con voz de consuelo, “encontré gente buena que me ayudó”.
 
Es la única sobreviviente en la Argentina, y una de las pocas en el mundo, de esa ignominiosa masacre turca de 1915. Cuando el Imperio otomano dio la orden de deportar a todos los armenios, Lucin tenía 6 años y vivía en una enorme casa en Aintab. “En esa época mi papá Abraham estaba en una muy buena situación, exportaba pistacho y era joyero, muy buen joyero. Yo tenía cinco hermanos; yo era la menor. En esa época vivíamos muy bien”, cuenta, buscando en el laberinto sensible de la memoria.

 
Pero todo cambió cuando a principios del siglo pasado el movimiento nacionalista musulmán de los “Jóvenes Turcos” tomó el poder. Reclamaban una sociedad culturalmente homogénea, que implicaba eliminar a otras etnias como armenios y griegos, y a religiones diferentes, como la cristiana. “No se por qué lo hacían, tal vez nos tenían envidia”, dice con una inocencia que despierta ternura.
El fatídico 24 de abril de 1915 comenzó el genocidio. Ese día las tropas turcas detuvieron a 235 intelectuales de la comunidad de armenios en Estambul. Le siguió una ola de asesinatos, violaciones, decapitaciones y desolación. Los soldados arrasaron una por una las aldeas armenias. En deportaciones masivas las tropas llevaron a los armenios por desiertos que devoraban a los más débiles. Las cifras, aunque nunca reflejan el dolor y el padecimiento de las víctimas, dan una dimensión: se cree que murieron 1.500.000 armenios.

 
Lucin recuerda el comienzo de la tragedia. “Las iglesias dejaron de hacer sonar las campanas y empezaron las maldades. Mi papá sacó en primer lugar a los hijos grandes. Los mandó en tren a Aleppo, Siria. Pero nosotros quedamos hasta último momento”.

 
El relato sigue. “Mi papá se enfermó y nosotros no sabíamos qué hacer. Entonces algunos amigos turcos nos trajeron un carro grande y pusieron un colchón para que mi papá pudiera viajar y escapar. Cuando salimos, los militares nos pararon y nos bajaron a todos. Nos pedían oro. Mi madre había escondido algunos lingotes chicos en almohadas. Revisando, los soldados se dieron cuenta. Nos querían robar todo. Mi madre se puso a llorar y decía cómo vamos a vivir sin esos ahorros. Entonces arreglamos que nos dejaran algo. Llevábamos comida para el viaje, pero también nos quitaron. Nos quedamos sin comida, pero pudimos llegar a Aleppo. Pero mi madre no se salvó. Estaba embarazada y empezó a tener pérdidas, murió en el camino”.

 
La familia de Lucin volvió cuando terminó la I Guerra Mundial, creyendo que dejarían tranquilos a los armenios. “Cuando volvimos todo había sido destruido en el pueblo. Mi casa estaba destrozada”. La pesadilla comenzó otra vez. La represión turca seguía intacta. Ahí se inició un nuevo exilio, en un tren hacia el desierto y la muerte.
 
“El tren paró en un lugar inhóspito, oscuro. Entonces mi papa le dio algo de oro a un guardia para que nos dejara ir. Pero era un lugar desolado. Comenzamos a caminar hacia la única luz que se veía. Cuando llagamos era un galpón enorme que estaba lleno de armenios. Todos apretados. Después de estar unos días en ese galpón mi padre dijo, aquí no nos podemos quedar. Y decidió ir hacia Damasco. En el camino encontramos gente que también huía. Me acuerdo de una mujer que estaba llorando porque le habían matado a los hijos y al marido. Entonces mi papá le dijo si quería ocuparse de mí, cuidarme a mí, que era la más chiquita. Y la mujer me cuidó durante todo el viaje hacia Damasco”.
 
 
Abraham murió en Damasco, y los hijos partieron hacia Argentina, buscando su América. Lucin quedó con su hermana mayor. Allí estudió y aprendió francés, la lengua de la colonia. Cuando tuvo 16 años quiso reencontrarse con sus hermanos. Aprovechó que una familia conocida se tomaba un barco hacia Sudamérica y los siguió. Pero en una escala en Francia la cosa se complicó. Las autoridades la obligaron a quedarse en el puerto porque tenía una lastimadura en un ojo y temían que fuera una infección: “No me dejaron subir al barco. Ahí me quedé un mes con una mujer joven que me ayudó. Después vinimos juntas en el barco, en tercera clase. ¡Qué viaje!”.
 
Llegó en 1925, cuando la inmigración conquistaba el país. “Argentina, ay que lindo! Para mí, como Argentina no hay ningún lugar”, dice, con voz de agradecimiento. Aquí se estableció y formó familia. Tiene dos hijos, 5 nietos y 8 bisnietos. Lucin consiguió la paz que buscaba, pero nunca se desprendió del dolor que le dejó el genocidio. “¿Rencor?, no”, responde ante la pregunta obvia, “Qué vamos a hacer. A todos los armenios nos hicieron lo mismo. Quemaron pueblos enteros. No se porqué. Yo creo que nos envidiaban”, repite.
 
 
Lucin acomoda su falda, mientras pierde la mirada en un cielo azul de recuerdos. “Cuando hablamos de estas cosas, no puedo dormir, no duermo. Casi no conocí a mi mamá, y mi papá murió cuando yo era chica. Perdimos todo. Tuve una juventud muy triste. Qué se le va a hacer. Es la vida”, dice, con un gusto amargo en las entrañas. -


 
 
 

viernes, 27 de febrero de 2015

JORGE DEMIRJIAN, pintor

Demirjian: "La pintura es la cárcel que yo elijo"

ADN Cultura
 

Como la muestra sobre Asterix, el personaje de historieta galo creado por René Goscinny y Albert Uderzo, debió retrasarse (se decía que François Hollande, en su viaje a la Argentina, visitaría la muestra homenaje, pero la masacre de Charlie Hebdo en enero de 2015 cambió la agenda presidencial), los amantes de la pintura que no vieron aún La persistencia del deseo en el Centro Cultural Recoleta resultaron favorecidos, ya que la exhibición de pinturas de Jorge Demirjian permanecerá abierta hasta el 8 de marzo. En la Sala Cronopios, el artista nacido en 1932, hijo de inmigrantes armenios, presenta un conjunto de sesenta obras que, en la amalgama de épocas, influencias e intereses variados que una vida conlleva, conservan, como él dice, "unidad en la diversidad".
Los curadores Renato Rita y Elio Kapszuk seleccionaron grabados y óleos y acrílicos sobre tela, la mayoría del período 2008-2014, además de algunas obras históricas de los años 60. Con ellas, Demirjian configura una organicidad dislocada de formas y sentidos. En el taller del artista en San Telmo, un cuadro de tema vegetal aún sin terminar, en el que se adivinan fragmentos de una strelitzia en flor, ocupa el centro de una de las paredes. Demirjian, en su lugar de trabajo, está rodeado de CD y discos de vinilo de jazz y música clásica (Monk, Schubert, Fauré), de libros de Jorge Luis Borges, de W. H. Auden y de poesía norteamericana y, en hojas de papel, figuran citas de escritores como Pessoa, Kafka y Borges, de quien tomó prestado el nombre de la muestra. "La pintura es un oficio solitario -dice-, y es bueno estar bien acompañado."


Demirjian es un hombre cauto en sus respuestas; de cuerpo menudo, puede parecer frágil. Pero su vitalidad queda confirmada cuando, alrededor, se cuentan varias pinturas de tamaño mediano o grande -formato que sobrevive de los años de la Nueva Figuración, época en la que el célebre cuarteto de artistas (Noé, Macció, Deira y De la Vega) al que él acompañaba como satélite privilegiado había elegido ese formato para espantar a los burgueses que pedían obras a la medida de sus salas de estar- y cuando afirma que puede concluir un cuadro de esas dimensiones en seis horas.  
"Lola"
 
 
"Tengo una gran fe en las minorías de seres humanos a los que les interesa el arte", responde enigmáticamente cuando se le pregunta su opinión sobre el arrollador avance de artistas jóvenes en bienales, ferias y galerías argentinas. Aunque varias veces deja entrever su crítica al arte conceptual, en el que según él "predomina un pensamiento ideológico más que un pensamiento visual", confía en la perseverancia de algunos artistas en "llegar en profundidad a los espectadores". "El arte tienta a la gente porque ofrece un mundo sin horarios, un mundo sin patrones, pero la permanencia en ese mundo es larga y difícil", comenta en referencia a sus ocasionales encuentros con jóvenes pintores. Cuando le toca hablar sobre sus artistas favoritos, de quienes pudo ver obra en persona en los museos europeos -Demirjian vivió becado en Londres dos años; en París y en Milán, y visita a su hijo, establecido en Madrid, con frecuencia-, recobra el entusiasmo: ellos son Velázquez, Goya, Cézanne, Picasso.  
Como en sus obras, en especial en aquellas de los años 70 y 80, el cuerpo humano adquiere una centralidad perturbadora, su labor fue asociada con la de Francis Bacon. "Conocí a Bacon y me pareció una gran persona, pero su pintura me parece algo enfermiza. Me interesa el cuerpo humano pero no la deformación de la persona, como la que él hace en su obra", afirma, y luego desarrolla su idea visual acerca del plano partido, de la forma central que dialoga con los bordes y de la importancia de esos bordes -el marco- en el cuadro clásico. "El espacio que delimitan esos bordes es una cárcel -dice-, pero la pintura es la cárcel que yo elijo."
FICHA.La persistencia del deseo de Jorge Demirjian en el Centro Cultural Recoleta (Junín 1930), hasta el 8 de marzo..

viernes, 21 de febrero de 2014

EL DACHNAVAR, vampiro de Armenia



"El Dachnavar"
Ilustración: Miriam Ascúa (Córdoba, Argentina)
Derechos Reservados




Suceso registrado en Crónicas de un viaje por el Cáucaso - Barón Hugo von Röhrbeck - Longmans, Green, and Co. (Londres 1881)

«A poco de desembarcar en Samsún y emprender un viaje de reconocimiento topográfico por tierras armenias, contraté un guía y me uní a una caravana que viajaba en dirección sur. Una noche, acampados a cielo abierto, observé que uno tras otro los viajeros se acercaban al fuego y arrojaban cabezas de ajo para ahuyentar a los malos espíritus. Como desconocía las supersticiones del lugar, consulté con el guía y éste me habló del vampiro Dachnavar, la criatura alada que residía en una caverna incrustada en el Monte Ararat y sobrevolaba la región marcando su señorío sobre los profundos valles de Hayastán. Obsesionado con los intrusos, el monstruo había decretado que todo aquel que incursionara en su territorio o revelara el número secreto de sus valles, sufriría un castigo mortal, es decir, una muerte muy peculiar ya que el monstruo atacaba a sus víctimas mordiéndolas en las plantas de los pies.
Y fue así que el Dachnavar perduró en el tiempo y la infamia hasta que un buen día encontró a su digno adversario en dos astutos extranjeros comisionados para hacer un conteo de los valles. Advertidos, los hombres se echaron a dormir poniendo los pies del uno detrás de la cabeza del otro. Horas más tarde, tanteando en la oscuridad, el Dachnavar dio con una cabeza. Tanteó el lado opuesto y allí también había una cabeza. 

Humillado, protestó  —: Vaya, he recorrido los 366 valles de estas montañas y bebido todas las sangres posibles sin haberme encontrado jamás con una criatura sin pies y dos cabezas—. 

Burlado, el Dachnavar abandonó el país para nunca más volver.  Y fue él mismo quien nos reveló el número de sus valles, remarcó el guía azuzando el fuego. 

Pregunté qué certeza tenía de su huida.  —Ninguna, señor. Hay rumores de que continúa refugiado en su caverna. También que le han visto recorrer, melancólico, desiertos y llanuras—.  
Al amanecer, estalló un clamor entre la caravana.  La noticia era terrible.  Mi guía había muerto durante la noche y mostraba lesiones en los pies. Perplejo, levanté la vista y a la distancia distinguí la silueta negra de un jinete y su cabalgadura. Luego, no se vio sino polvo y por fin, ni polvo siquiera.» 

 Violeta Balián © 2014







EL VAMPIRO EN LA MITOLOGÍA ARMENIA
A lo largo de la historia y en numerosas culturas, se registran diversas creencias sobre vampiros, tanto en la mitología como en el folclore de pueblos muy diferentes entre sí. Culturas como la mesopotámica, la judía, la griega y la romana incluyen dentro de su mitología cuentos acerca de entidades demoníacas y espíritus sedientos de sangre a los que se los considera precursores de los vampiros modernos.   En el caso de la mitología armenia, poblada por un respetable número de monstruos, no se encuentra una entidad entidad similar al vampiro.  Sin embargo, fue Augusto von Hauxtehude, un viajero y explorador alemán, quien recogió allá por 1854 un caso de vampirismo en la región según las versiones  que recibió de los pobladores del lugar.  A partir de esa mención, el tal Dachnavar se convirtió en el "vampiro armenio".  Años más tarde, el episodio pasa a incorporar las listas de la enciclopedia de ciencias ocultas dirigida por el investigador Montague Summers.

"El Dachnavar" de Violeta Balián se inspira en la crónica del explorador Hauxtehude.  Se publicó por primera vez en la revista digital de lo breve y fantástico miNatura (España) y en su versión inglesa fue incluido en el apéndice literario de Language as a Fingerprint, Book 1: Perspectives on the Cradle of Civilization and the Armenian Language del Dr. Vahan Setyan, Ph.D.    En 2015 y a través de traducción al francés a cargo de Cecile LeRoux, se incorporó a la antología 
Ficciones Argentinas.  Las ilustraciones de Miriam Ascúa  (Córdoba, Argentina)  son, a nuestro entender, las primeras imágenes que se tienen del Dachnavar y una primicia para los lectores de Crónicas Armenias.
 

lunes, 21 de octubre de 2013

EDOUARD ARTSRUNYAN, pintor armenio

Danza armenia
Edouard Artsrunyan
(1929-2010)






EDOUARD ARTSRUNYAN
(1929-2010)
 

 Nace el 28 de diciembre de 1929 en Leninakan (Gyumri) Armenia
1938 – 1944 estudia con Merkurov en la Escuela de Arte de Leninakan
1944 se traslada a Ereván y estudia en la Academia de Arte con P. Terlemezyan
1947 – 1951 vive en Leningrado, y estudia en la Academia de Arte de Leningrado.
1951 – 1957 estudia y se diploma en la Academia de Arte de Leningrado bajo la supervisión de Repin, en la facultad de pintura.

 1961 forma parte del gremio de pintores soviéticos.
 1963 – 1974 vive en Moscú y trabaja en "Plakat" una importante casa editorial;
participa en varias muestras y es premiado

 1974 regresa a Ereván

 1977 – 1978  recibe premios estatales de la URSS

 1978 – 1985 recibe seis veces el galardón de mejor obra and la muestra PU
1978-1991 recibe varios galardones como artista de la URSS

 1978 exhibe en Ereván, Echmiadzin, Gyumri
1989 exhibe en Moscú
1991-2004 exhibe en Francia, Gran Bretaña, Chipre, Teherán, EE UU y Rusia

2009 exhibe en Ereván y Giumri en celebración de su octogésimo aniversario.
Fallece el 5 de mayo de 2010 

 
 
 

 
Idea: Research Group Greek-Armenians
Traducción: N. Beredjiklian
 

sábado, 12 de octubre de 2013

UN ESTADO ARMENIO en la Argentina


ARMENIA EN LA ARGENTINA

por Armando Alonso Piñeiro

                 Los armenios de todo el mundo – y también los 75.000 que viven en la Argentina – celebran el 28 de mayo su “día nacional”.  Pocos son, sin embargo, los que recuerdan que la larga diáspora de ese pueblo estuvo a punto de tener un asombroso desenlace, constituyéndose el Estado Armenio nada menos que en territorio de la República Argentina.   Acaso esta afirmación pueda ser algo aventurada puesto que todo no pasó de un intento verbal y naturalmente el gobierno argentino en ningún momento y bajo ningún concepto podía permitir el desmembramiento del territorio nacional.  Pero a título de curiosidad, vale la pena recordar el episodio.


Los antecedentes.

                Los armenios no han sido un pueblo afortunado.  Aunque tienen vastos méritos para figurar con honra en la historia de la civilización (su existencia se remonta a 35 siglos atrás; la Biblia recuerda que Noé y sus hijos desembarcaron del Arca precisamente en Armenia y el cristianismo fue adoptado por este pueblo en el año 287, medio siglo antes que el Imperio Romano de Oriente bajo Constantino el Grade, diversos dominadores devastaron su territorio a lo largo de las centurias.

                Al expirar el siglo XIX, los armenios estaban bajo el poder del Imperio otomano, y como por supuesto había armenios en Armenia, al sultán Abdul-Hamid II no se le ocurrió mejor solución que organizar varias masacres en el período 1894-1896 para eliminarlos físicamente del territorio que Turquía detentaba.  En esos eficaces operativos murieron trescientos mil armenios.

                El problema no mejoró en los primeros años de este siglo, sino que se complicó con el estallido de la primera guerra mundial.  En 1915 los turcos llevaron a cabo nuevas y mortíferas matanzas, en lo que se conoce como el primer genocidio del siglo XX.   Historiadores contemporáneos  - caso de Arnold Toynbee- han condenado vigorosamente estos hechos, premonitorios de la “solución judía” instrumentada por el nazismo hitleriano veinticinco años después.

                En 1918 la situación internacional parecía facilitar las cosas.  Se constituyó el Estado Armenio con los territorios que había ocupado Rusia, de manera que el 28 de mayo se proclamó la independencia.  Un año después, también el 28 de mayo (aquí la fecha nacional), el territorio se amplió con las provincias armenias hasta entonces en poder de Turquía.  El Tratado de Sèvres, del 10 de agosto de 1920, legalizó este moderno renacimiento de Armenia.  

                Pero apenas si la nueva situación duró unas pocas semanas.  Las ambiciones soviéticas por un lado y las turcas por otro – ambas a la caza de nuevos territorios – hicieron olvidar prontamente los pactos internacionales.  Las potencias europeas signatarias del Tratado de Sèvres, además, olvidaron también sus compromisos.  Y mientras los turcos cañoneaban la llamada Armenia turca, los soviéticos hacían lo propio con la otra región, proclamando la República Socialista Soviética de Armenia.


El neutralismo de Yrigoyen.

                En los debates de la Sociedad de las Naciones celebrados en 1921 el problema continuó agitándose.  En general se sostenía  que los armenios tenían derecho a poseer un hogar propio.  Pero el delegado turco, Ismet Pashá, comparó el problema con el caso judío, negando la posibilidad de que los armenios volvieran a su tierra.  “¿Veis el difunto Hogar Judío en Palestina? Nadie va a construirlo”, ejemplificó quien evidentemente no tenía demasiadas dotes de clarividencia.

Ismet Pashá
(1873-1928)
                En esos tempestuosos debates comenzó a delinearse cada una de las posiciones en pugna.  Los soviéticos afirmaron que Moscú estaba dispuesta  a integrar Armenia, bajo el símbolo de la hoz y el martillo.  Los franceses propusieron que se creara una zona para los armenios cerca de Siria.  Los turcos trataron de conciliar simpáticamente las cosas sugiriendo que no había nada que impidiera la formación de un Estado armenio..., siempre que no fuera dentro de los límites armenios...

                “Una pintoresca nota, si todo el asunto no fuera en trágico – afirma una publicación oficial armenia -, la dio la sugerencia del delegado inglés Montgomery de que puesto que los turcos no aceptarían jamás el Hogar Nacional, se insistiera en que éste se creara en Brasil o en la Argentina.  Esta absurda iniciativa, fruto seguramente de la primitiva idea sionista en tal sentido, ya descartada, y fundada en la asimilación del caso armenio al judío en que los turcos no insistían, no tuvo ningún resultado “ El tratado de Sèvres y la cuestión armenia, Buenos Aires, 1970, p.57.

                Objetivamente, hay que reconocer que la idea de establecer el Estado Armenio en territorio argentino no era original del  delegado británico.  El político turco Ahmed Djevdet Bey escribió:  “Si los armenios no quieren vivir en absoluto con nosotros, pueden irse a la Argentina y allí establecer su población”.  Y añadía alegremente:   “Que sigan el ejemplo de los judíos, que viven tan felices sin reclamar ningún privilegio nacional”.  Djevdet Bey consideraba que la cuestión armenia estaba bellamente superada: “Así se han librado de un dolor de cabeza los turcos, las grandes potencias y los armenios”, era su conclusión.
 
 

Hipólito Yrigoyen
Presidente de Argentina
(n.1852 y m.1933)
 
                Lamentablemente,  no hay demasiados antecedentes sobre el pintoresco proyecto de una Armenia argentina – sin descartar que este atractivo tema pueda suscitar tentadoras investigaciones -, pero los armenios reaccionaron siempre contra la peregrina posibilidad.  “Como se ve – explican en el libro ya citado -, los dirigentes turcos no trepidaban con absoluta insolencia – seguros de que sus palabras nunca serían difundidas en este continente – en regalar burlonamente a sus víctimas armenias, territorios argentinos, sea directamente o por medio de delegados de otros países”. 

                Suele olvidarse, sin embargo, que la Argentina fue propuesta en la Liga de las Naciones como mandataria de Armenia.  En esos momentos nuestro país no estaba adherido aún a la entidad internacional, porque había aquí una fuerte resistencia a la afiliación.  Gobernaba la Argentina el radicalismo, con Hipólito Yrigoyen en la Casa Rosada, cuyo neutralismo internacional era proverbial.  Pero como lo acaba de señalar una historiadora norteamericana, fue la probabilidad de la designación argentina como mandataria de Armenia “lo que en realidad convenció a ese ámbito (el de los políticos y hombres de negocios) para apoyar el movimiento popular en favor de la unión con la Liga” (Jane Van Der Karr, La primera guerra mundial y la política económica argentina, Buenos Aires, 1974).

                Nuestro país se adhirió oficialmente a la precursora de la UN el 12 de julio de 1919.  No obstante, a fines de ese año la Casa Rosada se negó a aceptar el mandato sobre Armenia, basándose aparentemente en razones exclusivamente  financieras: la administración de Armenia iba a constituir una pesada carga económica.  Personalmente, juzgamos que el problema era más complejo: el radicalismo no deseaba complicaciones internacionales, un desenlace que no iba a poder evitarse.

 

Capítulo extraído de

Alonso Piñeiro, Armando: La historia argentina que muchos argentinos no conocen,  4ª. Edición, Buenos Aires, 1983.
              

 
 
 
 
 
 
 


   Armando Alonso Piñeiro, Premio Konex 1987


 Nació el 21/08/1934. Historiador, lingüista, filólogo y periodista. Fundador y Director, desde 1981, de la Revista-Libro Historia. Director de Ediciones AP y, desde 1976, del Estudio Alonso Piñeiro (consultores en comunicaciones profesionales).Miembro de la Academia Nacional de Periodismo. Presidente del Consejo Argentino de Estudios Económicos, Jurídicos y Sociales. Presidente del Observatorio Argentino de Comunicación Social. Presidente de la Academia Argentina de Arte y Ciencias de la Comunicación (1990-2007). Autor de más de 90 libros. Realizó más de 80 viajes al exterior de los cinco continentes. Participó en congresos nacionales e internacionales y realizó investigaciones históricas en Buenos Aires, Washington, Indiana, Londres, Bonn, Estocolmo, Madrid, Sevilla, Cartagena de Indias, Las Palmas, Bucarest y Budapest. Fue premiado en 140 oportunidades por organismos nacionales e internacionales.            
 
 
 



domingo, 8 de septiembre de 2013

TRES SIGLOS DE MATRIMONIO: BODAS ARMENIAS a partir de 1875 (en fotos).

Voski Reisian and Yeranos Topalian, Constantinopla,1875

 (Hishatak 1896-1930; Fotos y recuerdos de los álbumes de una familia armenia de los siglos XIX y XX)



 


Boda armenia en Partizak, 1915
(The National Geographic Magazine, Volume XXVIII, N.4)


La celebración de un matrimonio es una enciclopedia de cultura folclórica en la que se reflejan los orígenes más diversos.  Tal es el caso de la tradición armenia. 
 
 
 
Hovhannes and Taguhi Tarkhanyan-Hakobyanner, Constantinople,1886
Archivos del Proyecto SAVE

El elaborado  proceso de una boda armenia comenzaba cuando el hombre y la mujer se comprometían. La familia inmediata del futuro marido (padres, abuelos, y a menudo, tíos y tías) visitaban la casa de la mujer para pedir permiso al padre de ésta para que la relación continúe y prospere.  A veces, cuando la familia de la joven les rehusaba, el jefe de la villa se presentaba en la casa de la familia.  En esas ocasiones,  la familia del novio pedía agua;  si la misma joven era quien traía el agua, esto significaba que ella consentía al matrimonio. 
 
La ceremonia matrimonial de la familia Zoulumian, Kharberd, 1892
Archivos del Proyecto SAVE
 
Una vez conseguido el permiso y para hacerlo oficial,  el  hombre entregaba a la mujer un anillo de compromiso y la familia de la mujer servía coñac armenio.   El tiempo tradicional de espera hasta el matrimonio era de un año y se entendía que el novio y su familia pagaban la boda.  Si bien algunas tradiciones afirman que las bodas armenias duraban hasta siete días,  según los datos recogidos por la etnógrafa Gayane Shagoyan sobre las costumbres que imperaban  durante el siglo XIX,  las celebraciones duraban entre tres y cuatro días.  Y, por lo general, las bodas armenias se celebraban  los días sábado cuando el novio  y sus familiares recogían a la novia de su casa paterna y la llevaban a la casa del novio.
Ceremonia de la entrega de la dote, provincia de Van, 1900s,
de la colección privada de Michel Paboudjian 
 
 
La pareja Hajian, Aintab, 1910
de los archivos del Proyecto SAVE

 

Durante el período Unión Soviética








Tiempos Modernos

 
 
 
 
Foto de Suren Manvelyan
Fuente: panorama.am
Traducciones: Violeta Balián