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viernes, 21 de febrero de 2014

EL DACHNAVAR, vampiro de Armenia



"El Dachnavar"
Ilustración: Miriam Ascúa (Córdoba, Argentina)
Derechos Reservados




Suceso registrado en Crónicas de un viaje por el Cáucaso - Barón Hugo von Röhrbeck - Longmans, Green, and Co. (Londres 1881)

«A poco de desembarcar en Samsún y emprender un viaje de reconocimiento topográfico por tierras armenias, contraté un guía y me uní a una caravana que viajaba en dirección sur. Una noche, acampados a cielo abierto, observé que uno tras otro los viajeros se acercaban al fuego y arrojaban cabezas de ajo para ahuyentar a los malos espíritus. Como desconocía las supersticiones del lugar, consulté con el guía y éste me habló del vampiro Dachnavar, la criatura alada que residía en una caverna incrustada en el Monte Ararat y sobrevolaba la región marcando su señorío sobre los profundos valles de Hayastán. Obsesionado con los intrusos, el monstruo había decretado que todo aquel que incursionara en su territorio o revelara el número secreto de sus valles, sufriría un castigo mortal, es decir, una muerte muy peculiar ya que el monstruo atacaba a sus víctimas mordiéndolas en las plantas de los pies.
Y fue así que el Dachnavar perduró en el tiempo y la infamia hasta que un buen día encontró a su digno adversario en dos astutos extranjeros comisionados para hacer un conteo de los valles. Advertidos, los hombres se echaron a dormir poniendo los pies del uno detrás de la cabeza del otro. Horas más tarde, tanteando en la oscuridad, el Dachnavar dio con una cabeza. Tanteó el lado opuesto y allí también había una cabeza. 

Humillado, protestó  —: Vaya, he recorrido los 366 valles de estas montañas y bebido todas las sangres posibles sin haberme encontrado jamás con una criatura sin pies y dos cabezas—. 

Burlado, el Dachnavar abandonó el país para nunca más volver.  Y fue él mismo quien nos reveló el número de sus valles, remarcó el guía azuzando el fuego. 

Pregunté qué certeza tenía de su huida.  —Ninguna, señor. Hay rumores de que continúa refugiado en su caverna. También que le han visto recorrer, melancólico, desiertos y llanuras—.  
Al amanecer, estalló un clamor entre la caravana.  La noticia era terrible.  Mi guía había muerto durante la noche y mostraba lesiones en los pies. Perplejo, levanté la vista y a la distancia distinguí la silueta negra de un jinete y su cabalgadura. Luego, no se vio sino polvo y por fin, ni polvo siquiera.» 

 Violeta Balián © 2014







EL VAMPIRO EN LA MITOLOGÍA ARMENIA
A lo largo de la historia y en numerosas culturas, se registran diversas creencias sobre vampiros, tanto en la mitología como en el folclore de pueblos muy diferentes entre sí. Culturas como la mesopotámica, la judía, la griega y la romana incluyen dentro de su mitología cuentos acerca de entidades demoníacas y espíritus sedientos de sangre a los que se los considera precursores de los vampiros modernos.   En el caso de la mitología armenia, poblada por un respetable número de monstruos, no se encuentra una entidad entidad similar al vampiro.  Sin embargo, fue Augusto von Hauxtehude, un viajero y explorador alemán, quien recogió allá por 1854 un caso de vampirismo en la región según las versiones  que recibió de los pobladores del lugar.  A partir de esa mención, el tal Dachnavar se convirtió en el "vampiro armenio".  Años más tarde, el episodio pasa a incorporar las listas de la enciclopedia de ciencias ocultas dirigida por el investigador Montague Summers.

"El Dachnavar" de Violeta Balián se inspira en la crónica del explorador Hauxtehude.  Se publicó por primera vez en la revista digital de lo breve y fantástico miNatura (España) y en su versión inglesa fue incluido en el apéndice literario de Language as a Fingerprint, Book 1: Perspectives on the Cradle of Civilization and the Armenian Language del Dr. Vahan Setyan, Ph.D.    En 2015 y a través de traducción al francés a cargo de Cecile LeRoux, se incorporó a la antología 
Ficciones Argentinas.  Las ilustraciones de Miriam Ascúa  (Córdoba, Argentina)  son, a nuestro entender, las primeras imágenes que se tienen del Dachnavar y una primicia para los lectores de Crónicas Armenias.
 

domingo, 1 de abril de 2012

LOS DRAGONES del MONTE ARARAT

Existe un parentesco cercano entre el dragón  y la serpiente.  No sólo se asemejan en sus formas sino que comparten algunos aspectos míticos como la sangre del dragón, las piedras del dragón o la serpiente y, los huevos, estos últimos, talismanes de gran valor que aparecen en todas las culturas y en todos los tiempos.  En el caso de los dragones, aparecen como seres corpóreos, que poseen también una buena dosis de lo fantasmal y lo demoníaco.     Y de los dos, el dragón es, obviamente el personaje más monstruoso o demoníaco, particularmente cuando la mente humana lo asocia con espíritus malignos  tal como lo evidencian algunas creencias que afirman que un dragón puede introducirse en el cuerpo humano, poseerlo y hacer que su víctima silbe.   Aún así, el dragón tiene cualidades que lo ensalzan, razón por la cual los reyes gustaban de adoptar su nombre y flamear su emblema sobre los ejércitos. 

En la lengua armenia, al dragón se lo llama Vishap, una voz de origen persa que significa “con saliva venenosa”.  Vishap calificó también a Azhi Dahaka, un dragón de tres cabezas y  figura demoníaca de la mitología persa.  Por su lado, la mitología armenia hace la distinción entre “el jefe de los dragones” y otros dragones; porque el dragón engendra y se multiplica.  Razón por la cual antiguas y bellas canciones hablan de misteriosas historias en las que un dragón y su prole  viven cerca del Massis (Monte Ararat).  O, las de un malvado dragón que secuestra a una hermosa princesa que se llama Tigranuhi que consiente al intruso. Hasta que el hermano de la princesa, el legendario rey Tigranes entabla combate con la bestia, lo mata con su lanza y rescata a la doncella.  Otra historia refiere el caso de la Reina Satenik, la hermosa y vana esposa del rey Artaxias,  a quien hechizó un tal Argavan, jefe de la tribu de los dragones, y tiene una relación amorosa con él.  La historia sugiere que Argavan  indujo a Artaxias a participar de un banquete en su honor en el palacio de los dragones.  En plena fiesta y traicioneramente, atentó contra su invitado real.   Se sabe que Artaxias escapó de la trampa con vida porque conservó a su reina infiel y murió de muerte natural.

Otras leyendas armenias cuentan que el dragón o los hijos de los dragones acostumbraban a robar niños y reemplazarlos con un pequeño espíritu maligno de su propia prole, que por lo general es siempre malvado.  Una víctima de estos dragones y Devs (seres elementales) armenios fue Artavasd, hijo del rey Artaxias, quien fue amigo de Aníbal en su exilio y fundador de  Artaxata.   Cuenta la historia que durante su corta vida,  Artavasd, se mantuvo siempre leal a sus extraños ancestros.  Hasta que un día desapareció, inesperadamente porque se arrojó por un precipicio del venerable Massis.  Los espíritus de la montaña o los mismos dragones lo recogieron y se lo llevaron con ellos. 

Vahagn matando al dragón
Arutunyan (2010)

La más importante entre todas estas leyendas es la de Vahagn, el dios armenio del fuego, los truenos y los relámpagos quien ameritó el apodo de “cosechador de dragones” por haber combatido a los dragones tal como lo había hecho Indra, la antigua deidad védica.  Los detalles de estos combates se han perdido en el tiempo,  pero se  cree que en aquellos días los dragones habrían sido los aliados de Vrtra, el espíritu de la sequía.   Además, las canciones épicas mencionan a Anush como esposa de un dragón y madre de los hijos del dragón.  Ella vivía en un barranco en el pico más alto del Massis.
Tal como los tenemos hoy en día, los registros permiten conjeturar que además del dragón había también una raza de hombres-dragones, nacidos de la unión de dragones con esposas humanas.  No se tiene certeza de ello, sin embargo, no se sugeriría nada raro ya que la historia de las creencias humanas está repleta de esos “padres serpientes” de hombres notables.  


Estatuilla de reptiloide
Cultura Ubaid (Iraq) - 4000 a.C.

Híbridos o no, los hijos del dragón moraban en el Massis y la población armenia que circundaba la montaña los consideraba extraordinarios, misteriosos y proclives a la brujería.  En realidad, los dragones representaban un verdadero terror.  Vivían en un barranco que había resultado de un terremoto  sobre la ladera del  pico más alto del Massis.   Según Moisés de Corene, el historiador del siglo V d.C., y sus colegas, Eznik y Vahram Vardapet, los dragones tenían casas y palacios en lo alto del Massis.  De hecho, fue en una de ellas que el rey Artaxas asistió al banquete mencionado anteriormente.   Se cuenta también que aunque su tamaño fuera gigantesco y se expresaran en voces terribles, su personalidad era agradable y con una buena reserva de inteligencia y poderes mágicos.  Cabe notar que no se encuentra ninguna mención de “alas” aunque Eznik señala que el Señor los “tiraba con bueyes” para salvar a los hombres de su aliento venenoso.  Y que  los dragones eran capaces de presentarse en la forma que quisieran prefiriendo hacerlo en forma humana o como serpientes, al estilo del “genio” de los árabes.  Además, ´para subsistir, hacían todo tipo de travesuras.   Por ejemplo: les encantaba la leche de las mejores vacas y con sus bestias o en la guisa de mulas y camellos acostumbraban a llevarse los mejores productos de la tierra.  Después de la cosecha los campesinos gritaban: “cuídalos, cuídalos” (¡Kal! ¡Kal!), un intento por convencerlos de que no se llevaran los granos.  O, los trataban como genios guardianes, evitando decirles:  “toma, toma” (¡Ar!  ¡Ar!).  Los dragones también pasaban hambre, comenta Vahram Vardapet.  Perseguían animales de caza mayor y ponían trampas para atrapar aves.  Esta información revela un tipo de vida similar a la de los hombres en una etapa primitiva de desarrollo, una característica que se observa entre las hadas occidentales, particularmente celtas. Y al igual que sus primos incorpóreos, los Kaches, los dragones del Massis reclamaban y custodiaban a aquellos mortales que, originalmente, habían pertenecido a su raza.  Como fue el caso de Artavasd, a quien ataron y mantuvieron en cautiverio en una cueva del Massis por temor a que se soltara y entonces dominara o destruyera al mundo.  O el caso de Alejando Magno, de quien se creía que su padre era una serpiente o un dragón; un tema favorito de los cuentistas orientales.  Entre los armenios del medioevo se afirmaba que fueron estos mismos dragones los que contuvieron a Alejandro en una botella y lo guardaron en uno de sus palacios de montaña,  cerca de Roma.  Como también al famoso rey  Ervand (cuyo nombre significa serpiente), que deambuló entre ríos y brumas cautivo de los dragones.-   Ervand debió haber sido un niño sustituido por otro al nacer o nacido de un padre serpiente.  Y se sabía muy conectado con los Devs, a quienes rendía culto y según cuenta Moisés de Corene, también era hijo de una princesa real y un padre desconocido.  Su fealdad y maldad eran proverbiales al igual que su ojo maligno cuya mirada deshacía rocas.                

Al igual que otras culturas del mundo, los armenios asociaron los violentos fenómenos meteorológicos con el dragón.   En un curioso pasaje, Eghisheh (siglo V) compara la ira de Yesdigerd I a una tormenta y al dragón en el centro de la misma.  Eznik habla de la “ascensión del dragón” con lo que aparentaban ser “bueyes en el cielo”, y esta aserción concuerda con las crónicas armenias del medioevo acerca de la “elevación” del dragón, un evento acompañado siempre por truenos, rayos y  lluvias torrenciales.  Al respecto dice Vanakan Vardapet :  “Aseguran que al Vishap lo levantan.  Los vientos soplan en diferentes direcciones  y luego se encuentran.     Esto es un torbellino.  Si no se anulan uno con otro, van hacia arriba.  Sólo los tontos que observan esto se imaginan que es un dragón o cualquier otra cosa”.  Otro autor medieval afirma que “el torbellino es un viento que va hacia arriba.  Y que dondequiera haya un abismo o grietas o hendiduras, el viento entra en las venas de la tierra y en cuanto encuentra una abertura, se introduce como una nube condensada y con gran tumulto, desarraigando los pinos, llevándose las rocas y elevándolas con mucho ruido para luego dejarlas caer, y a esto lo llaman “la ascensión del dragón.”   Aunque en este punto es igualmente debatible que el dragón sea una simple personificación del torbellino, una vertiente de agua o una nube tormentosa.      Y también es importante señalar que al dragón se le rendía culto.   Eznik agrega que por haber hecho al dragón tan monstruoso y enorme,  Satanás obligó a los hombres a venerarlo.  Un culto similar, sin duda, al que se ofrecía a los espiritus malignos en muchas otras tierras y que no se diferenciaba mucho del que se la rendía a la serpiente.  Según este mismo autor, en tiempos sasánidas, se les permitía hasta a los magos celebraciones trienales al demonio basándose en que el mismo  era malvado por propia voluntad y no de naturaleza, que podía convertirse y comenzar a hacer el bien.  Todos estos ritos  tenían que ver con el temor, del mismo modo que el gallo y la gallina negros tan frecuentes en el folclore armenio como ofrendas apropiadas para aquietar a los espíritus malignos, una costumbre que posiblemente origina en el culto al dragón de antaño.  Por cierto, un testimonio definitivo con respecto a dicho culto se encuentra en los martirologios  y específicamente en la historia de Santa Hripseme.  Después de mencionar el culto al fuego y el agua el autor explica: “Y dos dragones, demoníacos y negros, fijaron su morada en una cueva en la roca, y allí sacrificaban a jóvenes vírgenes y mancebos inocentes.   Como los demonios disfrutaban tanto de estos sacrificios, del fuego y las vertientes sagradas, producían una visión maravillosa con  resplandores, temblores y enormes llamaradas de fuego.  Y abajo, en el valle, estaba todo lleno de serpientes venenosas y escorpiones”.                              

Rey Tiridates III de Armenia - c. 300 d.C
Finalmente, tenemos el mito muy conocido entre los armenios que habla de la sangre del dragón.  El mentado “tratado” entre el emperador Constantino y el rey armenio Tiridates III, un documento viejo y dudoso, indica que Constantino le presentó a su aliado armenio una lanza que había sido sumergida en la sangre de un dragón.    El rey Arshag, hijo de Valarshag, también tenía una lanza bañada en la sangre de los “reptiles” con la que podía perforar las piedras más duras.   Y se suponía que tales armas infligían heridas incurables.




Violeta Balián - 2012
Fuente: Mitología Armenia de Mardiros H. Ananikian (1925)

martes, 14 de febrero de 2012

¡RECUPEREMOS A LA DIOSA ANAHIT!


Armen Ashotyan

Armen Ashotyan,  ministro de Ciencias y Educación de Armenia, se  ha puesto al frente de la iniciativa que propone recuperar los fragmentos de una estatua de la diosa pagana y armenia Anahit, alojados en el Reino Unido. 
Este movimiento de recuperación cultural es similar al que iniciaron países como Grecia y Egipto, éste último con éxito, y específicamente, con el Museo Británico. Nosotros podemos hacer lo mismo.





Diosa Anahit
Bronce, c.  siglo I a.C
En la mitología armenia (pre-Cristiana)  Anahit es la diosa de la belleza, la fecundidad, los nacimientos, la sanación, la sabiduría y las aguas.  En los tiempos más remotos fue también la diosa de la guerra.   En el siglo V a.C., ocupó el lugar de la deidad  más importante, junto a su padre Aramazd, el dios de los dioses.  Durante el mes de Navasard, se celebraban festivales en su honor convocando multitudes que participaban en danzas, música, recitales, competencias, etc.  Y Anahit fue venerada aún entre los primeros armenios cristianos.  Según Agathangelos, el historiador armenio, el mismo Tiridates III, primer rey cristiano armenio, se expresó con loas respecto de Anahit:  “gloria de nuestra nación, fuerza vivificante, madre de todas las castidades, hija del gran y valiente Aramazd”.

Los fragmentos de la estatua de bronce (cabeza y mano) son, en la actualidad, propiedad del Museo Británico (British Museum).   Según la información que presenta esta institución en su sitio oficial en la web,  los artefactos fueron descubiertos  en 1872,  por un campesino que cavaba la tierra en  Sadagh (en las altas tierras armenias).  Pero, de alguna manera, la cabeza llegó a Italia, vía Constantinopla (Estambul)  y al anticuario Alessandro Castellani, quien se la vendió al Museo Británico.  Lal mano, en cambio, le fue ofrecida al Museo unos años más tarde.

Tanto la cabeza como la mano de la estatua de Anahit son reliquias muy importantes para la historia de Armenia y su cultura.   Corresponde, por lo tanto,  que se las aprecie y valore en su tierra de origen, entre su gente.  Desafortunadamente, los tumultos y las deportaciones que sufrieron tanto la región de la Armenia histórica como su gente,  privaron a la nación armenia y en gran medida, de su patrimonio cultural.  No cabe duda que la presencia física de estos fragmentos en tierras armenias ofreceria  la oportunidad de visitar una antigua e importantísima parte de su historia en museos y galerías de su localidad, sin la necesidad de  viajar miles de kilómetros, a otro país, para poder hacerlo.  Tampoco se descuenta que el valor sentimental de la estatua de la diosa Anahit  es mucho mayor para los armenios que para cualquier otro visitante del museo en Londres.  La importancia de Anahit en la historia y cultura armenias no sólo se atestigua en los festivales aun vigentes en su honor sino también por la inclusión de su efigie en la moneda armenia moderna, en los sellos postales, libros, pintura, logos comerciales  y hasta en la usanza de Anahit como nombre  de pila y mucho más.

Billete de moneda armenia
 con efigie de Anahit


Fuente:   SIRANUYSH GEVORGYAN
ArmeniaNow reporter - traducción de Violeta Balián
PeopleofAr
Gevorg Mardirosyan (Los Angeles, CA)

Clickear aquí para firmar la petición de recuperación cultural ante el Reino Unido

martes, 27 de diciembre de 2011

ZOULVISIA y la Montaña Encantada

Una leyenda armenia....

Fréderic Macler (1869-1938) fue un autor y orientalista francés que se destacó por su dominio de las lenguas armenia, asiria y hebrea.  Con otros intelectuales orientalistas fundó la prestigiosa Sociedad de Estudios Armenios.  Entre sus trabajos más importantes se encuentra CONTES ARMENIENS (Cuentos Armenios) de los que forma parte la Leyenda de Zoulvisia.

Sinopsis de la leyenda de Zoulvisia

En el medio de un desierto, en algún lugar del Asia Central, una hermosa montaña dio a luz miles de árboles y cascadas que formaron un paraíso terrenal.  Y con el tiempo, las leyendas del lugar advertieron que quien se apartase del camino para llegar a la montaña encantada, no retornaría jamás.

Un rey, sabiamente,  aconsejó a sus siete hijos a que desistieran de semejante empresa.  Pero tan pronto murió el viejo rey, su hijo mayor emprendió un viaje a la montaña para nunca regresar.  Uno tras otro, los hermanos fueron a buscarlo pero desaparecieron hasta que no quedó nadie más que el hijo menor, ahora rey.  Sin embargo, el deseo de conquistar el lugar mágico fue más fuerte que él.  Un día, por fin, el joven rey hizo el viaje y durante el camino, en pos de un ciervo que no pudo cazar, se alejó de su grupo.  Cuando regresó a su campamento se encontró con todos sus hombres muertos o envenenados. 

Encuentro entre Zoulvisia y el joven rey.

El joven rey, temiendo por su vida, se escondió en la copa de un árbol.  Desde lo alto observó que se acercaba un mancebo y que éste ordenaba a sus sirvientes  que se encargaran de los muertos y arrearan los caballos.  El mancebo también notó que sobraba un caballo al número de muertos y preguntó en voz alta quién era el dueño de ese caballo.  El joven rey se bajó del árbol,  reclamó su caballo  y retó al mancebo a un duelo para vengar a sus hombres caídos sospechando que éste era el culpable de la muerte de sus sirvientes y la desaparición de sus hermanos.
El mancebo aceptó el desafío, montó su caballo y  le pidió que lo siguiera a él,  Zoulvisia.  Pero el joven rey se dio cuenta que Zoulvisia era, en realidad, una mujer.  Partió inmediatamente tras ella en busca del lugar donde vivía.  En el camino encontró tres cabañas y en cada una de ellas moraba un hada con su hijo.  Éstos le urgieron y le aconsejaron no buscar a Zoulvisia.  A cambio, el joven rey les dio un espejo, un par de tijeras y una navaja, y les encomendó que si en algún momento los objetos mostraban signos de sangre, significaría que él se encontraba en peligro y ellos debían socorrerle.

Al llegar al palacio de Zoulvisia,  el joven rey  dio con un viejo atrapado en una fosa, fuera de las murallas.  Zoulvisia lo tenía prisionero en ese lugar, explicó el hombre, y también le dijo que al amanecer,  Zoulvisia  observaba  cuidadosamente los rincones de todas sus tierras.  Si él se escondía en cierta cueva y se protegía con un palo, sobreviviría y saldría de ella en el momento que oyera el tercer grito de Zoulvisia, es decir, la señal de que su poder y el hechizo se habían quebrantado.   Así lo hizo el joven rey y Zoulvisia admitió su derrota.  Se convirtió en su esposa, liberó al viejo,  y a su marido le obsequió su mágico y fogoso caballo.   

Un día, cuando el joven rey cazaba recibió un cofre con perlas con una mecha del cabello de Zoulvisia.  A la caza de un venado se fue alejando del lugar, y en su camino perdió el cofre sin darse cuenta.  Un aguatero lo encontró en un arroyo y se lo llevó al malvado rey del lugar.   Impresionado con tanta riqueza y la belleza del cabello dorado que contenía el cofre, el malvado rey le exigió a su chambelán que averiguara los secretos del mismo,  o le cortaría la cabeza.  Aterrorizado, el chambelán buscó quien pudiera  ayudarlo.  Una vieja bruja le informó que pertenecían a una hermosa mujer que se llamaba Zoulvisia.  Entonces el chambelán le prometió a la vieja que si lo llevaba hasta donde vivía Zoulvisia, le daría muchas monedas de oro.  La vieja salió en camino y llegó en una balsa hasta donde se encontraba el joven rey preparándose para regresar a su esposa después de un día de caza.  Muy galante y porque le dio lástima, el rey se ofreció ayudar a la vieja bruja pero el caballo percibió la maldad de la vieja, y  no le permitio que lo montase.  Ella entonces explicó que tenía miedo de caerse, razón por la cual prefería caminar.  Una vez en el palacio, la bruja se congració con los sirvientes de Zoulvisia hasta que finalmente, la joven reina confió también en ella.  La bruja consiguió persuadir a Zoulvisia que su marido guardaba secretos, entre ellos, el secreto de su fuerza, y que él no la amaría a menos que ella compartierasu secreto con otros.   Zoulvisia se lo creyó y le rogó a su esposo que le revelara el secreto para estar segura que él la amaba.  Y él le confesó que su fuerza era el poder del  sable del que nunca se separaba.  Entonces, para probar que su marido realmente la amaba, Zoulvisia  corrió a revelarle el secreto a la bruja, exactamente como la malvada mujer lo había planeado.   La bruja se robó el sable, abatió al rey echándole serpientes venenosas y secuestró a Zoulvisia para vender a la hermosa y joven reina al rey malvado.
La bruja secuestra a Zoulvisia
Los hijos de las hadas notaron que algo le había sucedido al joven rey y partieron hacia su palacio.  No pudieron encontrar el sable.  Continuaron camino.  Cuando hicieron un alto al lado del río para merendar,  vieron a un enorme pez que se retorcía en el agua porque se había tragado el sable.  Se lo llevaron inmediatamente al joven rey quien al instante se recuperó, montó el fogoso caballo que le había regalado Zoulvisia y llegó al lugar donde el rey malvado desposaría a  Zoulvisia.  La joven se le resistía, deseosa de escaparse y volver a su amado esposo.  Entonces el joven rey le dio su anillo a una pordiosera para que se lo entregara a Zoulvisia.  Y ella a su vez, le pidió a la mujer que le dijera al rey malvado que Zoulvisia había recapacitado y se casaría con él.  Y que también se encargara de avisarle al hombre que le había dado el anillo que en tres días la esperara en el jardín.
Aliviado con las nuevas que envió Zoulvisia, el malvado rey aflojó la vigilancia y la joven reina pudo ir a los jardines el mismo día que debía casarse pero sin los guardias del rey.  Y allí mismo, con destellos de fuego y golpes de trueno irrumpió el joven rey cabalgando el poderoso caballo de Zoulvisia para rescatar a su reina.  Regresaron a su palacio al lado del río y vivieron por siempre felices.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

ARALEZ - El dios-perro alado de la mitología armenia


Aralez
pintura del artista armenio Arutynyan Gegam





El mítico perro-alado Aralez, dios de la sanación y protector de los guerreros representa una de las deidades más antiguas del panteón armenio (5,000-2,000 a.C.)  Con sus poderosos lamidos  sana a los caídos en batalla y resucita a los muertos.  Cuenta la leyenda que el héroe armenio Ará, el Hermoso, prefirió morir en batalla antes que aceptar los avances amorosos de Shamiram (en asirio, la famosa reina Semíramis).  Ésta, desesperada de dolor y temerosa de la ira del pueblo armenio, convocó la presencia de Aralez y le imploró que reviviera a Ará.     


Los "Aralez" de nuestros días...











Perro Pastor Gampr (Armenia)