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lunes, 20 de abril de 2015

¿QUIÉNES SON LOS ARMENIOS?

Un comentario del Profesor Jesús García Castrillo

 
 
 
¿Quienes son los españoles? Esta fue la pregunta que hizo el profesor de lengua española a sus alumnos el primer día de clase y del principio de su carrera en una universidad del oeste americano. Las respuestas fueron variadas: unos, que “los habitantes de un país de África”; otros, “de Asia”; los más perspicaces , que “de Europa”, y la más pintoresca, que eran los habitantes de un estado de México. Eso sí, todos sabían que se habla español en las repúblicas sudamericanas; por eso comenzaban a estudiarlo.

No nos escandalicemos: yo mismo he preguntado en España algo semejante sobre los armenios y unos me han contestado que una secta del Islam, otros, que una etnia gitana que vino de Hungría y Rumanía a España después de la guerra, y así se han sucedido los disparates. Es por lo que quiero aventurarme a responder a esta pregunta: ¿Quiénes son los armenios?

Desde la prehistoria hasta Jesucristo, Armenia se fue conformando como un pueblo compacto, que inventó la escritura y por lo tanto la historia, la historia más compleja de uno de los grupos humanos que, dadas las condiciones geográficas, desarrolló un talento prodigioso en una inmensa altiplanicie coronada en su centro por la vieja cumbre de sempiternas barbas blancas, el Ararat.
 
 
La diosa Anahit
 
 


No se sabe de otro pueblo de la antigüedad que antes que el pueblo armenio haya seleccionado semillas de cereales silvestres para convertir las tierras bravas en fértiles cultivos. Así, los armenios pasaron de las cuevas a las casas durante unos milenios y de la carga en la espalda a la carreta de toscas ruedas de piedra.  Y cuando ya era un pueblo pionero que había despuntado por su trabajo y desarrollo de la inteligencia, después de haber descubierto el fuego, cuando había superado el paso de “homo erectus" a “homo faber” fue el primer pueblo que domesticó animales para abastecer de proteínas las despensas, sin salir a cazarlos; y a medir los movimientos de los astros en el firmamento mediante rocas horadadas como las del yacimiento de Karahundg, al sur de Yerevan. Entre los frutos que seleccionó de los bosques y cultivó en los llanos fue el albaricoque, al que los latinos, varios siglos después, llamaron “prunus de Armenia”.
 
Observatorio astronómico de Karahaudg, al sur de Yerevan.

 

Es condición del salvaje humano codiciar lo que otro ha trabajado y atesorado. Es por lo que muy pronto comenzó el pueblo armenio a ser acosado por oleadas de gentes que quisieron arrebatarle tierras cultivadas, rebaños y esposas, las mujeres más bellas del orbe. Por esta razón tuvo que defenderse y para ello caer en la ignominia de fabricar armas mortales para los enemigos, y organizarse como una tribu gigantesca que creó mitos y leyendas sobre las gestas de sus más célebres caudillos y defensores que se impusieron como reyes sucesivos de múltiples dinastías.

Entretanto, adornó las celebraciones de las batallas con creaciones musicales y danzas rítmicas. sacándole sonido a las ramas de los árboles transformadas en rudimentarios instrumentos melódicos y ritmos profundos a la percusión sobre estirados pellejos. De ahí, fue sacando el vibrar de las cuerdas de tripa hasta perfeccionar instrumentos armónicos como el Canun.

Fue el armenio un pueblo que, en ocasiones de su historia, se vio obligado a esconderse en casas subterráneas hasta que fue más efectivo construyendo los edificios sofisticados con todo el abanico de la labra de la piedra, transformando los bloques de las canteras en toda la gama de cuerpos geométricos, vieja tradición desde sus monumentos megalíticos prehistóricos hasta la construcción de puentes, viviendas, fortalezas, templos, plazas, ciudades y monasterios.
Moneda de plata con la efigie del famosos rey Tigranes el Grande (140 - 55 A.C)
 ilustrando la Tiara Real Armenia.
 

 

Cuando nació Roma, el pueblo armenio ya había quemado todas las etapas de un pueblo maduro y experimentado.


Suena a blasfemia -no es mi intención-, pero Jesucristo fue el causante de la decadencia y del sufrimiento. Cuando envió a sus apóstoles a predicar el Evangelio a todas las gentes, Pedro se fue a Roma, que era como la Nueva York de entonces, Tomás, el incrédulo, el de la mano en la llaga, se fue a la India, Juan a Efeso con la Virgen María, y de los dos que nos quedan noticias, Bartolomé y Tadeo sabemos que tras duras jornadas de senderos y veredas llegaron a Armenia sin saber aquella lengua de treinta y seis fonemas y escritura cuneiforme todavía

 

 
Ilustración de un manuscrito religioso armenio (1391)
La Virgen y los apóstoles en Pentecostés.


Su poder de convicción y ejemplo de vida fue tal que convirtieron a todo un pueblo aguerrido y orgulloso de sus proezas bélicas, señor de las más inexpugnables fortificaciones, en un pueblo humilde y generoso, que perdonaría hasta las más crueles ofensas de los enemigos. ¿Fue milagroso que los hombrachones del Cáucaso aceptaran la doctrina de poner la otra mejilla? Milagroso o no, aceptaron consecuentes lo que aquellos apóstoles les habían enseñado sobre la resignación cristiana con el ejemplo de la Pasión y Muerte de Jesucristo para alcanzar la vida eterna.

Entretanto, proliferaron cenobios, eremitas y monasterios; en sus escritorios, la caligrafía del actual alfabeto armenio para llevar por escrito el Evangelio a todas las gentes, siguiendo el ejemplo de los dos primeros apóstoles, hasta el siglo VII en que la cimitarra entró devastadora haciendo huir a todo un pueblo en sucesivas oleadas. La más pérfida fue la persecución selyúcida, devastadora y asesina, que hizo desparramarse a casi todo el pueblo armenio hasta ocupar las costas del norte de África llegando a Canarias, siguiendo las rutas de otros antepasados que, por motivos bélicos y comerciales, habían hollado los caminos africanos. 

En el norte de África dejó el pueblo armenio su sello en usos y costumbres que, a pesar de irse islamizando a lo largo de los siguientes siglos, dado el aislamiento en el que quedaron reducidos en pequeños grupos humanos, ha llegado en reliquias ocultas hasta nuestros días.

De ese primer holocausto armenio nadie habla porque no se conservan escritos que lo narren ni vídeos que filmaran las atrocidades sufridas por los armenios.

No quisiera cansar con referencias bibliográfico-eruditas, pero tampoco me resisto a citar un libro de la biblioteca nacional de París: “Recueil des historiens des croisades” (Documents arméniens) donde nos dice el historiador francés del siglo XIX que en la tierra de Kilikia, perteneciente un día a Armenia, todo quedó arrasado en la Edad Media y sus escritos se perdieron en este país “tantas veces destruido” por el hierro y el fuego. En mala hora se le ocurrió al ancestral pueblo armenio ser el descubridor de la fundición de rocas ferruginosas para tranformarlas no solo en rejas de arados sino en lanzas, puñales y espadas. La gran colección de escritos del Matenadaran de Yerevan son sólo un mínimo exponente de la ingente documentación perdida de la historia de Armenia.

De otras persecuciones y holocaustos contra el pueblo armenio no conservamos más que testimonios indirectos de los que se puede deducir que oleadas de armenios vinieron por las costas del norte del Mediterráneo y por los caminos de los peregrinos y cruzados hasta Europa a construir las 2000 edificaciones de piedra, iglesias, catedrales, castillos y monasterios en la expansión y auge medieval de la Iglesia de Roma. En Europa y sobre todo en lo que hoy es el sur de Francia y norte de España no había canteros especialistas ni cortadores de troncos ni carpinteros para tan ingente proeza arquitectónica. Es más, si es cierto que fueron los monjes templarios los primeros navegantes de la Europa medieval que llegaron al Caribe, ¿no cabe seguir investigando, que fueran sus íntimos colaboradores, los armenios, quienes dieron nombre a los más de 40 topónimos de Colombia, como Armenia, Cauca, Caucasia, Antioquia…etc. que ningún historiador ha sido capaz de explicar hasta el momento?


De lo que no cabe duda histórica es de que en la Edad Media, las distintas dinastías de reyes y nobles se cruzaban en matrimonios de conveniencias políticas tanto en Europa como en Asia y más en concreto entre nobles y reyes de Francia y Armenia.

De lo que tampoco cabe duda es de que el Islam Otomano cortó toda comunicación con un telón de acero infranqueable y los cristianos armenios quedaron aislados y abandonados a su suerte en lo que hoy es la actual Armenia.

¡Cuántos favores se deberían mutuamente, castellanos y armenios, para que en momentos trágicos del último rey de Armenia Levon VI fuera rescatado de las mazmorras del Islam con soldados, oro y otros obsequios al Sultán para traerlo al Palacio de los Papas de Avignon primero, y posteriormente regalarle tierras y vasallos de Madrid, Ciudad Real y Andújar, habiendo tenido en España, durante un tiempo, un rey armenio con plenos poderes monárquicos. 

No quiero que pase desapercibido que hay restos lingüísticos de la lengua armenia en castellano, pero donde abundan es en la actual lengua vasca, y según yo creo, la lengua de los armenios conformó el posterior corpus lingüístico del euskara que a partir de la Edad Media se desgajó en dialectos y subdialectos. ¿Cómo no se van a encontrar semejanzas lingüísticas entre las hablas de los bereberes africanos y la lengua vasca si en las dos hay poderosos posos lingüísticos armenios?

Con estas escasas pinceladas he tratado de retratar al gran pueblo armenio, que ha sabido llevar el perdón en la frente al mismo tiempo que el orgullo, la tenacidad, la laboriosidad y la inteligencia.

Ha sabido permanecer enhiesto contra todas las inclemencias históricas, aunque la mayor parte de los testimonios escritos y artísticos todavía se encuentren entre los escombros ocultos y sin estudiarlos suficientemente, a pesar de lo cual, el tesón, constancia y orgullo del pueblo armenio ha estado latente hasta en las más adversas calamidades sufridas, y oprobios de los que ha sido objeto. 

El gran pueblo armenio ha contribuido, sin duda, en silencio, a la prosperidad de los pueblos con los que se ha mimetizado a lo largo de la historia; pero sobre todo, después del último holocausto, los tres millones que habitan Armenia, han sabido conservarse incólumes sólo en los 29.000 kilómetros cuadrados de la actual Armenia porque el resto, algo más de siete millones de personas se enseñorea por todo el mundo y destaca en las más variadas artes y ciencias.


Dicen los sociólogos que, de no haber aceptado, con rigor cristiano, las bofetadas de los enemigos, serían hoy más de cincuenta millones los habitantes de la gran Armenia desde el Mar Negro hasta el Caspio lindando por el sur con el Mediterráneo. Pero es mejor olvidar esos preteribles para seguir siendo un pueblo de hombres fuertes y mujeres bellas y, valga el tópico histórico, para seguir contribuyendo a la hermandad y prosperidad de todos los pueblos.

Jesús García Castrillo, 4 de marzo de 2014
Todos los derechos reservados.
 
 
 
JESUS GARCÍA CASTRILLO, Astorga (1947)
 
Es licenciado en Filología Hispánica y Románica por la Universidad de Salamanca y ha ejercido su actividad docente como Catedrático de Lengua y Literatura.  Recientemente publicó  la novela  EL ENIGMA DE BAPHOMET en la que Armenia juega un rol importante.

lunes, 30 de marzo de 2015

LUCIN, la UNICA SOBREVIVIENTE del Genocidio Armenio en Argentina

 
 
 
“No sé por qué lo hacían”
Entrevista a la única sobreviviente en Argentina Tiene 105 años. Fue testigo de la masacre de su pueblo, perdió a sus padres y escapó a la Argentina. 

 

Una nota de Daniel Vittar para CLARIN, Buenos Aires, 28 de marzo de 2015


 
Lucin tiene el pelo blanco y la piel marcada por los años. Su rostro conserva una belleza ajada y una expresión rebelde de hidalguía, pero suele perderse en imágenes maltrechas. Lucin tiene 105 largos años, y enarbola la osadía de haber sobrevivido al siniestro Genocidio Armenio.

 
Allí perdió temprano a su madre, y después a su padre. Los hermanos se dispersaron en un mundo de revoluciones y países nacientes. Lucin creció con el ritmo estremecedor del Siglo XX. Los psicólogos denominan resiliencia a la capacidad que tienen algunas personas para adaptarse y superar la adversidad y el dolor. Lucin lo llama suerte. “Tuve suerte”, dice con voz de consuelo, “encontré gente buena que me ayudó”.
 
Es la única sobreviviente en la Argentina, y una de las pocas en el mundo, de esa ignominiosa masacre turca de 1915. Cuando el Imperio otomano dio la orden de deportar a todos los armenios, Lucin tenía 6 años y vivía en una enorme casa en Aintab. “En esa época mi papá Abraham estaba en una muy buena situación, exportaba pistacho y era joyero, muy buen joyero. Yo tenía cinco hermanos; yo era la menor. En esa época vivíamos muy bien”, cuenta, buscando en el laberinto sensible de la memoria.

 
Pero todo cambió cuando a principios del siglo pasado el movimiento nacionalista musulmán de los “Jóvenes Turcos” tomó el poder. Reclamaban una sociedad culturalmente homogénea, que implicaba eliminar a otras etnias como armenios y griegos, y a religiones diferentes, como la cristiana. “No se por qué lo hacían, tal vez nos tenían envidia”, dice con una inocencia que despierta ternura.
El fatídico 24 de abril de 1915 comenzó el genocidio. Ese día las tropas turcas detuvieron a 235 intelectuales de la comunidad de armenios en Estambul. Le siguió una ola de asesinatos, violaciones, decapitaciones y desolación. Los soldados arrasaron una por una las aldeas armenias. En deportaciones masivas las tropas llevaron a los armenios por desiertos que devoraban a los más débiles. Las cifras, aunque nunca reflejan el dolor y el padecimiento de las víctimas, dan una dimensión: se cree que murieron 1.500.000 armenios.

 
Lucin recuerda el comienzo de la tragedia. “Las iglesias dejaron de hacer sonar las campanas y empezaron las maldades. Mi papá sacó en primer lugar a los hijos grandes. Los mandó en tren a Aleppo, Siria. Pero nosotros quedamos hasta último momento”.

 
El relato sigue. “Mi papá se enfermó y nosotros no sabíamos qué hacer. Entonces algunos amigos turcos nos trajeron un carro grande y pusieron un colchón para que mi papá pudiera viajar y escapar. Cuando salimos, los militares nos pararon y nos bajaron a todos. Nos pedían oro. Mi madre había escondido algunos lingotes chicos en almohadas. Revisando, los soldados se dieron cuenta. Nos querían robar todo. Mi madre se puso a llorar y decía cómo vamos a vivir sin esos ahorros. Entonces arreglamos que nos dejaran algo. Llevábamos comida para el viaje, pero también nos quitaron. Nos quedamos sin comida, pero pudimos llegar a Aleppo. Pero mi madre no se salvó. Estaba embarazada y empezó a tener pérdidas, murió en el camino”.

 
La familia de Lucin volvió cuando terminó la I Guerra Mundial, creyendo que dejarían tranquilos a los armenios. “Cuando volvimos todo había sido destruido en el pueblo. Mi casa estaba destrozada”. La pesadilla comenzó otra vez. La represión turca seguía intacta. Ahí se inició un nuevo exilio, en un tren hacia el desierto y la muerte.
 
“El tren paró en un lugar inhóspito, oscuro. Entonces mi papa le dio algo de oro a un guardia para que nos dejara ir. Pero era un lugar desolado. Comenzamos a caminar hacia la única luz que se veía. Cuando llagamos era un galpón enorme que estaba lleno de armenios. Todos apretados. Después de estar unos días en ese galpón mi padre dijo, aquí no nos podemos quedar. Y decidió ir hacia Damasco. En el camino encontramos gente que también huía. Me acuerdo de una mujer que estaba llorando porque le habían matado a los hijos y al marido. Entonces mi papá le dijo si quería ocuparse de mí, cuidarme a mí, que era la más chiquita. Y la mujer me cuidó durante todo el viaje hacia Damasco”.
 
 
Abraham murió en Damasco, y los hijos partieron hacia Argentina, buscando su América. Lucin quedó con su hermana mayor. Allí estudió y aprendió francés, la lengua de la colonia. Cuando tuvo 16 años quiso reencontrarse con sus hermanos. Aprovechó que una familia conocida se tomaba un barco hacia Sudamérica y los siguió. Pero en una escala en Francia la cosa se complicó. Las autoridades la obligaron a quedarse en el puerto porque tenía una lastimadura en un ojo y temían que fuera una infección: “No me dejaron subir al barco. Ahí me quedé un mes con una mujer joven que me ayudó. Después vinimos juntas en el barco, en tercera clase. ¡Qué viaje!”.
 
Llegó en 1925, cuando la inmigración conquistaba el país. “Argentina, ay que lindo! Para mí, como Argentina no hay ningún lugar”, dice, con voz de agradecimiento. Aquí se estableció y formó familia. Tiene dos hijos, 5 nietos y 8 bisnietos. Lucin consiguió la paz que buscaba, pero nunca se desprendió del dolor que le dejó el genocidio. “¿Rencor?, no”, responde ante la pregunta obvia, “Qué vamos a hacer. A todos los armenios nos hicieron lo mismo. Quemaron pueblos enteros. No se porqué. Yo creo que nos envidiaban”, repite.
 
 
Lucin acomoda su falda, mientras pierde la mirada en un cielo azul de recuerdos. “Cuando hablamos de estas cosas, no puedo dormir, no duermo. Casi no conocí a mi mamá, y mi papá murió cuando yo era chica. Perdimos todo. Tuve una juventud muy triste. Qué se le va a hacer. Es la vida”, dice, con un gusto amargo en las entrañas. -


 
 
 

viernes, 27 de febrero de 2015

JORGE DEMIRJIAN, pintor

Demirjian: "La pintura es la cárcel que yo elijo"

ADN Cultura
 

Como la muestra sobre Asterix, el personaje de historieta galo creado por René Goscinny y Albert Uderzo, debió retrasarse (se decía que François Hollande, en su viaje a la Argentina, visitaría la muestra homenaje, pero la masacre de Charlie Hebdo en enero de 2015 cambió la agenda presidencial), los amantes de la pintura que no vieron aún La persistencia del deseo en el Centro Cultural Recoleta resultaron favorecidos, ya que la exhibición de pinturas de Jorge Demirjian permanecerá abierta hasta el 8 de marzo. En la Sala Cronopios, el artista nacido en 1932, hijo de inmigrantes armenios, presenta un conjunto de sesenta obras que, en la amalgama de épocas, influencias e intereses variados que una vida conlleva, conservan, como él dice, "unidad en la diversidad".
Los curadores Renato Rita y Elio Kapszuk seleccionaron grabados y óleos y acrílicos sobre tela, la mayoría del período 2008-2014, además de algunas obras históricas de los años 60. Con ellas, Demirjian configura una organicidad dislocada de formas y sentidos. En el taller del artista en San Telmo, un cuadro de tema vegetal aún sin terminar, en el que se adivinan fragmentos de una strelitzia en flor, ocupa el centro de una de las paredes. Demirjian, en su lugar de trabajo, está rodeado de CD y discos de vinilo de jazz y música clásica (Monk, Schubert, Fauré), de libros de Jorge Luis Borges, de W. H. Auden y de poesía norteamericana y, en hojas de papel, figuran citas de escritores como Pessoa, Kafka y Borges, de quien tomó prestado el nombre de la muestra. "La pintura es un oficio solitario -dice-, y es bueno estar bien acompañado."


Demirjian es un hombre cauto en sus respuestas; de cuerpo menudo, puede parecer frágil. Pero su vitalidad queda confirmada cuando, alrededor, se cuentan varias pinturas de tamaño mediano o grande -formato que sobrevive de los años de la Nueva Figuración, época en la que el célebre cuarteto de artistas (Noé, Macció, Deira y De la Vega) al que él acompañaba como satélite privilegiado había elegido ese formato para espantar a los burgueses que pedían obras a la medida de sus salas de estar- y cuando afirma que puede concluir un cuadro de esas dimensiones en seis horas.  
"Lola"
 
 
"Tengo una gran fe en las minorías de seres humanos a los que les interesa el arte", responde enigmáticamente cuando se le pregunta su opinión sobre el arrollador avance de artistas jóvenes en bienales, ferias y galerías argentinas. Aunque varias veces deja entrever su crítica al arte conceptual, en el que según él "predomina un pensamiento ideológico más que un pensamiento visual", confía en la perseverancia de algunos artistas en "llegar en profundidad a los espectadores". "El arte tienta a la gente porque ofrece un mundo sin horarios, un mundo sin patrones, pero la permanencia en ese mundo es larga y difícil", comenta en referencia a sus ocasionales encuentros con jóvenes pintores. Cuando le toca hablar sobre sus artistas favoritos, de quienes pudo ver obra en persona en los museos europeos -Demirjian vivió becado en Londres dos años; en París y en Milán, y visita a su hijo, establecido en Madrid, con frecuencia-, recobra el entusiasmo: ellos son Velázquez, Goya, Cézanne, Picasso.  
Como en sus obras, en especial en aquellas de los años 70 y 80, el cuerpo humano adquiere una centralidad perturbadora, su labor fue asociada con la de Francis Bacon. "Conocí a Bacon y me pareció una gran persona, pero su pintura me parece algo enfermiza. Me interesa el cuerpo humano pero no la deformación de la persona, como la que él hace en su obra", afirma, y luego desarrolla su idea visual acerca del plano partido, de la forma central que dialoga con los bordes y de la importancia de esos bordes -el marco- en el cuadro clásico. "El espacio que delimitan esos bordes es una cárcel -dice-, pero la pintura es la cárcel que yo elijo."
FICHA.La persistencia del deseo de Jorge Demirjian en el Centro Cultural Recoleta (Junín 1930), hasta el 8 de marzo..

viernes, 21 de febrero de 2014

EL DACHNAVAR, vampiro de Armenia



"El Dachnavar"
Ilustración: Miriam Ascúa (Córdoba, Argentina)
Derechos Reservados




Suceso registrado en Crónicas de un viaje por el Cáucaso - Barón Hugo von Röhrbeck - Longmans, Green, and Co. (Londres 1881)

«A poco de desembarcar en Samsún y emprender un viaje de reconocimiento topográfico por tierras armenias, contraté un guía y me uní a una caravana que viajaba en dirección sur. Una noche, acampados a cielo abierto, observé que uno tras otro los viajeros se acercaban al fuego y arrojaban cabezas de ajo para ahuyentar a los malos espíritus. Como desconocía las supersticiones del lugar, consulté con el guía y éste me habló del vampiro Dachnavar, la criatura alada que residía en una caverna incrustada en el Monte Ararat y sobrevolaba la región marcando su señorío sobre los profundos valles de Hayastán. Obsesionado con los intrusos, el monstruo había decretado que todo aquel que incursionara en su territorio o revelara el número secreto de sus valles, sufriría un castigo mortal, es decir, una muerte muy peculiar ya que el monstruo atacaba a sus víctimas mordiéndolas en las plantas de los pies.
Y fue así que el Dachnavar perduró en el tiempo y la infamia hasta que un buen día encontró a su digno adversario en dos astutos extranjeros comisionados para hacer un conteo de los valles. Advertidos, los hombres se echaron a dormir poniendo los pies del uno detrás de la cabeza del otro. Horas más tarde, tanteando en la oscuridad, el Dachnavar dio con una cabeza. Tanteó el lado opuesto y allí también había una cabeza. 

Humillado, protestó  —: Vaya, he recorrido los 366 valles de estas montañas y bebido todas las sangres posibles sin haberme encontrado jamás con una criatura sin pies y dos cabezas—. 

Burlado, el Dachnavar abandonó el país para nunca más volver.  Y fue él mismo quien nos reveló el número de sus valles, remarcó el guía azuzando el fuego. 

Pregunté qué certeza tenía de su huida.  —Ninguna, señor. Hay rumores de que continúa refugiado en su caverna. También que le han visto recorrer, melancólico, desiertos y llanuras—.  
Al amanecer, estalló un clamor entre la caravana.  La noticia era terrible.  Mi guía había muerto durante la noche y mostraba lesiones en los pies. Perplejo, levanté la vista y a la distancia distinguí la silueta negra de un jinete y su cabalgadura. Luego, no se vio sino polvo y por fin, ni polvo siquiera.» 

 Violeta Balián © 2014







EL VAMPIRO EN LA MITOLOGÍA ARMENIA
A lo largo de la historia y en numerosas culturas, se registran diversas creencias sobre vampiros, tanto en la mitología como en el folclore de pueblos muy diferentes entre sí. Culturas como la mesopotámica, la judía, la griega y la romana incluyen dentro de su mitología cuentos acerca de entidades demoníacas y espíritus sedientos de sangre a los que se los considera precursores de los vampiros modernos.   En el caso de la mitología armenia, poblada por un respetable número de monstruos, no se encuentra una entidad entidad similar al vampiro.  Sin embargo, fue Augusto von Hauxtehude, un viajero y explorador alemán, quien recogió allá por 1854 un caso de vampirismo en la región según las versiones  que recibió de los pobladores del lugar.  A partir de esa mención, el tal Dachnavar se convirtió en el "vampiro armenio".  Años más tarde, el episodio pasa a incorporar las listas de la enciclopedia de ciencias ocultas dirigida por el investigador Montague Summers.

"El Dachnavar" de Violeta Balián se inspira en la crónica del explorador Hauxtehude.  Se publicó por primera vez en la revista digital de lo breve y fantástico miNatura (España) y en su versión inglesa fue incluido en el apéndice literario de Language as a Fingerprint, Book 1: Perspectives on the Cradle of Civilization and the Armenian Language del Dr. Vahan Setyan, Ph.D.    En 2015 y a través de traducción al francés a cargo de Cecile LeRoux, se incorporó a la antología 
Ficciones Argentinas.  Las ilustraciones de Miriam Ascúa  (Córdoba, Argentina)  son, a nuestro entender, las primeras imágenes que se tienen del Dachnavar y una primicia para los lectores de Crónicas Armenias.
 

lunes, 21 de octubre de 2013

EDOUARD ARTSRUNYAN, pintor armenio

Danza armenia
Edouard Artsrunyan
(1929-2010)






EDOUARD ARTSRUNYAN
(1929-2010)
 

 Nace el 28 de diciembre de 1929 en Leninakan (Gyumri) Armenia
1938 – 1944 estudia con Merkurov en la Escuela de Arte de Leninakan
1944 se traslada a Ereván y estudia en la Academia de Arte con P. Terlemezyan
1947 – 1951 vive en Leningrado, y estudia en la Academia de Arte de Leningrado.
1951 – 1957 estudia y se diploma en la Academia de Arte de Leningrado bajo la supervisión de Repin, en la facultad de pintura.

 1961 forma parte del gremio de pintores soviéticos.
 1963 – 1974 vive en Moscú y trabaja en "Plakat" una importante casa editorial;
participa en varias muestras y es premiado

 1974 regresa a Ereván

 1977 – 1978  recibe premios estatales de la URSS

 1978 – 1985 recibe seis veces el galardón de mejor obra and la muestra PU
1978-1991 recibe varios galardones como artista de la URSS

 1978 exhibe en Ereván, Echmiadzin, Gyumri
1989 exhibe en Moscú
1991-2004 exhibe en Francia, Gran Bretaña, Chipre, Teherán, EE UU y Rusia

2009 exhibe en Ereván y Giumri en celebración de su octogésimo aniversario.
Fallece el 5 de mayo de 2010 

 
 
 

 
Idea: Research Group Greek-Armenians
Traducción: N. Beredjiklian
 

sábado, 12 de octubre de 2013

UN ESTADO ARMENIO en la Argentina


ARMENIA EN LA ARGENTINA

por Armando Alonso Piñeiro

                 Los armenios de todo el mundo – y también los 75.000 que viven en la Argentina – celebran el 28 de mayo su “día nacional”.  Pocos son, sin embargo, los que recuerdan que la larga diáspora de ese pueblo estuvo a punto de tener un asombroso desenlace, constituyéndose el Estado Armenio nada menos que en territorio de la República Argentina.   Acaso esta afirmación pueda ser algo aventurada puesto que todo no pasó de un intento verbal y naturalmente el gobierno argentino en ningún momento y bajo ningún concepto podía permitir el desmembramiento del territorio nacional.  Pero a título de curiosidad, vale la pena recordar el episodio.


Los antecedentes.

                Los armenios no han sido un pueblo afortunado.  Aunque tienen vastos méritos para figurar con honra en la historia de la civilización (su existencia se remonta a 35 siglos atrás; la Biblia recuerda que Noé y sus hijos desembarcaron del Arca precisamente en Armenia y el cristianismo fue adoptado por este pueblo en el año 287, medio siglo antes que el Imperio Romano de Oriente bajo Constantino el Grade, diversos dominadores devastaron su territorio a lo largo de las centurias.

                Al expirar el siglo XIX, los armenios estaban bajo el poder del Imperio otomano, y como por supuesto había armenios en Armenia, al sultán Abdul-Hamid II no se le ocurrió mejor solución que organizar varias masacres en el período 1894-1896 para eliminarlos físicamente del territorio que Turquía detentaba.  En esos eficaces operativos murieron trescientos mil armenios.

                El problema no mejoró en los primeros años de este siglo, sino que se complicó con el estallido de la primera guerra mundial.  En 1915 los turcos llevaron a cabo nuevas y mortíferas matanzas, en lo que se conoce como el primer genocidio del siglo XX.   Historiadores contemporáneos  - caso de Arnold Toynbee- han condenado vigorosamente estos hechos, premonitorios de la “solución judía” instrumentada por el nazismo hitleriano veinticinco años después.

                En 1918 la situación internacional parecía facilitar las cosas.  Se constituyó el Estado Armenio con los territorios que había ocupado Rusia, de manera que el 28 de mayo se proclamó la independencia.  Un año después, también el 28 de mayo (aquí la fecha nacional), el territorio se amplió con las provincias armenias hasta entonces en poder de Turquía.  El Tratado de Sèvres, del 10 de agosto de 1920, legalizó este moderno renacimiento de Armenia.  

                Pero apenas si la nueva situación duró unas pocas semanas.  Las ambiciones soviéticas por un lado y las turcas por otro – ambas a la caza de nuevos territorios – hicieron olvidar prontamente los pactos internacionales.  Las potencias europeas signatarias del Tratado de Sèvres, además, olvidaron también sus compromisos.  Y mientras los turcos cañoneaban la llamada Armenia turca, los soviéticos hacían lo propio con la otra región, proclamando la República Socialista Soviética de Armenia.


El neutralismo de Yrigoyen.

                En los debates de la Sociedad de las Naciones celebrados en 1921 el problema continuó agitándose.  En general se sostenía  que los armenios tenían derecho a poseer un hogar propio.  Pero el delegado turco, Ismet Pashá, comparó el problema con el caso judío, negando la posibilidad de que los armenios volvieran a su tierra.  “¿Veis el difunto Hogar Judío en Palestina? Nadie va a construirlo”, ejemplificó quien evidentemente no tenía demasiadas dotes de clarividencia.

Ismet Pashá
(1873-1928)
                En esos tempestuosos debates comenzó a delinearse cada una de las posiciones en pugna.  Los soviéticos afirmaron que Moscú estaba dispuesta  a integrar Armenia, bajo el símbolo de la hoz y el martillo.  Los franceses propusieron que se creara una zona para los armenios cerca de Siria.  Los turcos trataron de conciliar simpáticamente las cosas sugiriendo que no había nada que impidiera la formación de un Estado armenio..., siempre que no fuera dentro de los límites armenios...

                “Una pintoresca nota, si todo el asunto no fuera en trágico – afirma una publicación oficial armenia -, la dio la sugerencia del delegado inglés Montgomery de que puesto que los turcos no aceptarían jamás el Hogar Nacional, se insistiera en que éste se creara en Brasil o en la Argentina.  Esta absurda iniciativa, fruto seguramente de la primitiva idea sionista en tal sentido, ya descartada, y fundada en la asimilación del caso armenio al judío en que los turcos no insistían, no tuvo ningún resultado “ El tratado de Sèvres y la cuestión armenia, Buenos Aires, 1970, p.57.

                Objetivamente, hay que reconocer que la idea de establecer el Estado Armenio en territorio argentino no era original del  delegado británico.  El político turco Ahmed Djevdet Bey escribió:  “Si los armenios no quieren vivir en absoluto con nosotros, pueden irse a la Argentina y allí establecer su población”.  Y añadía alegremente:   “Que sigan el ejemplo de los judíos, que viven tan felices sin reclamar ningún privilegio nacional”.  Djevdet Bey consideraba que la cuestión armenia estaba bellamente superada: “Así se han librado de un dolor de cabeza los turcos, las grandes potencias y los armenios”, era su conclusión.
 
 

Hipólito Yrigoyen
Presidente de Argentina
(n.1852 y m.1933)
 
                Lamentablemente,  no hay demasiados antecedentes sobre el pintoresco proyecto de una Armenia argentina – sin descartar que este atractivo tema pueda suscitar tentadoras investigaciones -, pero los armenios reaccionaron siempre contra la peregrina posibilidad.  “Como se ve – explican en el libro ya citado -, los dirigentes turcos no trepidaban con absoluta insolencia – seguros de que sus palabras nunca serían difundidas en este continente – en regalar burlonamente a sus víctimas armenias, territorios argentinos, sea directamente o por medio de delegados de otros países”. 

                Suele olvidarse, sin embargo, que la Argentina fue propuesta en la Liga de las Naciones como mandataria de Armenia.  En esos momentos nuestro país no estaba adherido aún a la entidad internacional, porque había aquí una fuerte resistencia a la afiliación.  Gobernaba la Argentina el radicalismo, con Hipólito Yrigoyen en la Casa Rosada, cuyo neutralismo internacional era proverbial.  Pero como lo acaba de señalar una historiadora norteamericana, fue la probabilidad de la designación argentina como mandataria de Armenia “lo que en realidad convenció a ese ámbito (el de los políticos y hombres de negocios) para apoyar el movimiento popular en favor de la unión con la Liga” (Jane Van Der Karr, La primera guerra mundial y la política económica argentina, Buenos Aires, 1974).

                Nuestro país se adhirió oficialmente a la precursora de la UN el 12 de julio de 1919.  No obstante, a fines de ese año la Casa Rosada se negó a aceptar el mandato sobre Armenia, basándose aparentemente en razones exclusivamente  financieras: la administración de Armenia iba a constituir una pesada carga económica.  Personalmente, juzgamos que el problema era más complejo: el radicalismo no deseaba complicaciones internacionales, un desenlace que no iba a poder evitarse.

 

Capítulo extraído de

Alonso Piñeiro, Armando: La historia argentina que muchos argentinos no conocen,  4ª. Edición, Buenos Aires, 1983.
              

 
 
 
 
 
 
 


   Armando Alonso Piñeiro, Premio Konex 1987


 Nació el 21/08/1934. Historiador, lingüista, filólogo y periodista. Fundador y Director, desde 1981, de la Revista-Libro Historia. Director de Ediciones AP y, desde 1976, del Estudio Alonso Piñeiro (consultores en comunicaciones profesionales).Miembro de la Academia Nacional de Periodismo. Presidente del Consejo Argentino de Estudios Económicos, Jurídicos y Sociales. Presidente del Observatorio Argentino de Comunicación Social. Presidente de la Academia Argentina de Arte y Ciencias de la Comunicación (1990-2007). Autor de más de 90 libros. Realizó más de 80 viajes al exterior de los cinco continentes. Participó en congresos nacionales e internacionales y realizó investigaciones históricas en Buenos Aires, Washington, Indiana, Londres, Bonn, Estocolmo, Madrid, Sevilla, Cartagena de Indias, Las Palmas, Bucarest y Budapest. Fue premiado en 140 oportunidades por organismos nacionales e internacionales.