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martes, 20 de diciembre de 2011

ORHAN PAMUK - Reconocimiento

Premio Nobel de literatura 2006,
 de visita esta semana por Buenos Aires. 


Orhan Pamuk (Turquía-1952)

Hace seis años, el escritor turco Orhan Pamuk hizo importantes declaraciones al mundo entero cuestionando la muerte de más de un millón de armenios en Turquía durante la Primera Guerra Mundial y la negación histórica por parte de su país.  Como era de esperar, sus valientes y desafiantes palabras  le valieron significativas represalias por parte de las autoridades turcas.  Como consecuencia, el caso Pamuk causó un revuelo internacional que puso en el punto de mira el disputado respeto de Turquía a los derechos humanos.

Orhan Pamuk, paladín de los armenios, ocupa hoy un distinguido lugar entre el pequeño, exclusivo grupo de intelectuales turcos que responsabilizan la política oficial de su país frente a los hechos históricos del genocidio armenio: el historiador y sociólogo, Dr. Taner Akcam y la escritora Elif Shafak.

lunes, 19 de diciembre de 2011

LA TIARA ARMENIA

Figura real armenia con tiara

El “gorro real” que  pasó a ser corona o símbolo de autoridad política, originó en una diadema que usaban los reyes y emperadores del Medio Oriente y que se colocaba hasta casi cubrir las cejas.  El primer emperador occidental en adoptar su uso fue  Constantino I (272-337 d.C.)  al convertirse al cristianismo y establecer su nueva capital imperial en Bizancio (Constantinopla).   A partir de Constantino la usaron todos los emperadores que le sucedieron durante el período histórico denominado Bajo Imperio Romano.  Y con el tiempo, la tiara también evolucionó en una diversidad de coronas que usaron los futuros monarcas europeos.

 
Si bien este singular tocado ya lo usaban los reyes armenios de la antigüedad, en su calidad de practicantes del culto a Mitra, dios de la luz, y el mitraísmo se convirtiera en  la religión de la nación armenia miles de años antes del reinado de Constantino, la icónica “tiara armenia” se destaca como predecesora de la corona que hoy conocemos como tiara o triple tiara que se instituyó en el símbolo de autoridad papal.
Moneda de plata conmemorando al famoso rey armenio
 de la dinastía Artáxida, Tigranes el Grande cuyo reinado se
extendió de 95-55 a.C.

Las representaciones de la tiara armenia sobreviven en murales antiguos, obras de arte y monedas.  En esta última instancia y en ocasión de la conquista romana de la región durante el reinado de Augusto, se acuñaron monedas conmemorativas que ilustraban tanto la tiara armenia como la flecha y el arco, otro importante símbolo de Armenia, famosa en la antigüedad por la destreza de sus arqueros.  A través del dramaturgo romano, Titus Maccius Plautus (c. 254-184 a.C.), nos llega la descripción  contemporánea de la tiara armenia: “un tocado con una corona bien alta que cubría hasta las orejas y la usaban los reyes armenios, partos y persas.”




Moneda de plata con la efigie de Augustus (c. 19-18 a.C) celebrando la victoria romana sobre Armenia.
A la derecha "ARMENIA CAPTA" con la tiara armenia, flechas y carcaj.


Cabeza de piedra con tiara armenia (c. siglo primero d.C.) de Dvin, Museo Sardarapat
Foto:  Dickran Kouymjian


Nota: las ilustraciones y una buena parte del contenido de esta nota son cortesía del equipo de PeopleofAr.
Traducción del inglés: Violeta Balián

viernes, 16 de diciembre de 2011

DOS POEMAS de Rafael Bagdanian (1830-1892)

El poeta armenio nació en Nor Nakhichevan y se educó en la escuela de su padre antes de continuar estudios en Moscú y Alemania.  En Moscú formó un grupo literario con algunos amigos armenios cuyas iniciales dieron lugar al nombre de su club, Kamar Katiba.  A su vez, Bagdanian usó ese nombre para firmar sus trabajos que incluían poesía, novela, cuentos cortos, libros de texto y traducciones de los escritores rusos Pushkin y Lermontov.    En su época fue una prominente figura nacional tanto por su fervor patriótico como por sus poemas en el dialecto armenio oriental.



Sultán Abdul Hamid II

ALABADO SEAS SULTAN

Nunca te olvidaremos, gran sultán.
Te ganaste fama eterna

por llenar cada espacio en blanco del calendario

Con el nombre de un nuevo mártir…



LA DANZA DE LA DONCELLA ARMENIA


Cuando se levanta y comienza a bailar

La luna sale en vano

Cuando sus mejillas enrojecen

Se quejan los damascos.

Comienza la lezginka[1], ella se desliza,
Y todos los jóvenes suspiran.

En tanto los viejos maldicen su destino

Para ellos, los buenos años han pasado…



[1] Danza tradicional del Cáucaso



Fuente:  Hovanessian Der, D., Margossian, M.  Anthology of Armenian Poetry
Columbia University Press, New York, 1978

Traducción libre del inglés:  Violeta Balián (2011)

lunes, 12 de diciembre de 2011

ARDA de ARMENIA, Reina de Jerusalén



Arda de Armenia, hija de Torós (o Tatoul) señor de Marash, fue la segunda mujer de Balduino de Boulogne y Bouillon, un noble y cruzado de origen francés devenido Conde  de Edessa (Urfa), y la primera reina consorte del reino medieval de Jerusalén.  Godofredo de Bouillon, hermano de Balduíno y el primer rey había muerto sin haberse casado y sin tener descendencia.
Balduíno de Bouillon
Rey de Jerusalén

Si bien las fuentes contemporáneas no registran su nombre y se ignoran las fechas de su nacimiento y muerte, a partir del siglo XVII se ha reconocido a esta figura histórica como Arda de Armenia.  En 1097 se casó con Balduíno después del deceso de su primera mujer, Godehilde, quien había acompañado a su marido en la Primera Cruzada y financiado la aventura hasta llegar a la meta codiciada por muchos príncipes europeos, la Cilicia Armenia. 

El  matrimonio de Balduíno y Arda obedeció las conveniencias políticas del momento.  Balduíno, convertido en el primer Conde de Edessa - de modo fraudulento, vale decir - un estado que surgió del saqueo de ese territorio armenio en la Mesopotamia, formó una alianza con Torós, el padre de Arda quien a su vez ofreció una dote conciliatoria de 60,000 bezants.

Balduíno sucedió a su hermano Godofredo como rey de Jerusalén.   Arda no lo acompañó al sur de inmediato sino que lo hizo por vía marítima desde Alexandretta, llegando a destino probablemente en 1101.  En su nueva posición como poderoso y flamante rey, y alegando infidelidades sexuales por parte de ella, Balduíno exigió la anulación de su matrimonio con la princesa armenia.  Según Guibert de Nogent, la acusación se basaba en algunos relatos que atestiguaban que durante su viaje a la Tierra Santa, Arda había sido violada por piratas musulmanes.  Sin embargo, el verdadero estado de cosas  apunta a que Torós dejó de pagar la dote de Arda y la princesa no produjo herederos.  Y  en Jerusalén, la utilidad política de una esposa armenia era menor que en Cilicia.   Al mismo tiempo provoca interés el hecho que Fulquerio de Chartres,  el cronista más allegado a Balduíno no menciona el episodio en absoluto, razón por la cual podría asumirse que Balduíno carecía de razones legítimas para anular la unión.  Aún así consiguió forzar a la Reina Arda a entrar al monasterio de Santa Ana. Tiempo después, Arda recobró su libertad y se marchó a Constantinopla, donde se había refugiado su padre al perder las tierras que le fueron confiscadas por su yerno, Balduíno, Conde de Edessa, y Rey de Jerusalén. 


Captura de Jerusalén - Primera Cruzada
En 1112, Balduíno, todavía legalmente casado con Arda quiso desposar a Adelaida del Vasto, viuda de Rogelio I de Sicilia y Regente de Rogelio II.  Sin detenerse a oír consejos, Balduíno adelantó los planes y como consecuencia, Roma depuso al Patriarca Arnulfo de Chocques por haber apoyado e instigado esa unión.  Pero no fue hasta 1116  que el Papa Pascal II lo restauró a su posición con la expresa condición que Balduíno anulara su tercer matrimonio.  Al Rey de Jerusalén le quedó una única opción: obedecer las órdenes papales y procurar que Arda regrese a Jerusalén para reasumir su posición.  Pero Arda nunca regresó y tras varias campañas en Egipto, Balduíno murió en 1118.
Jerusalén


sábado, 3 de diciembre de 2011

UN SALUDO A DAVID NALBANDIAN

Por mantener vivas las esperanzas argentinas por un triunfo en la final de la Copa Davis, en Sevilla.

¡Mucha suerte el domingo!

La euforia de David Nalbandian al vencer el juego de dobles
Sábado 3 de diciembre de 2011 en Sevilla, España

jueves, 1 de diciembre de 2011

EL PEZ DE LA CABEZA DE ORO - leyenda armenia



En cierto país, enceguecía un rey.  Por fortuna, pasaba por ese reino un viajero solitario quien le prometió que se curaría de su ceguera siempre y cuando, y dentro de los próximos cien días le trajeran un pez de la cabeza de oro, de los que se encuentran en el Gran Mar.  Entonces, él mismo, con la sangre del pez, prepararía un ungüento que le devolvería la vista de inmediato.  También Indicó que al cumplirse los cien días, continuaría su viaje.
El hijo del rey, que tenía la buena intención de conseguir ese milagroso pez para curar a su padre, se marchó con un grupo de hombres al Gran Mar.  Cuando por fin pescó un pez de la cabeza de oro, ya era muy tarde para llevárselo a su padre.  Y aunque el príncipe deseara regresar a la ciudad y contarle de su hazaña y aventuras a su padre,  no lo hizo porque sabía que los médicos reales intentarían de cualquier modo preparar el ungüento del que había hablado el viajero, y al hacerlo, el pez moriría inúltimente. 
Sin embargo el rey, no creyendo en las buenas intenciones de su hijo, dio orden de que lo ejecutaran.   Los sirvientes leales al príncipe le aconsejaron a su madre, la reina, que vistiera a su hijo en harapos, le diera unas monedas de oro y lo dejara partir a una isla distante.  Y le advirtieron, además, que no tomara para su servicio a ninguna persona que le exigiera su paga una vez por mes. 

Al llegar a la isla, el príncipe compró una casa y rechazó uno tras otro a los sirvientes que buscaban trabajo, especialmente a aquellos que pretendían que su paga fuera de mes a mes.  Hasta que dio con un árabe que le propuso que le pagara una vez por año. 

Poco tiempo después, el príncipe y el árabe se enteraron de que la mitad de la isla era  tierra yerma, sin vegetación, devastada por un monstruo que residía en una cueva rocosa.  Y quien procurase matar a la bestia, se dormiría al instante.  El árabe le preguntó al gobernador  cuánto le daría por matar al monstruo; éste le ofreció la mitad de sus tierras y también a su hija.  Pero el árabe le reclamó solamente la mitad de sus ganancias futuras.  El gobernador estuvo de acuerdo.  El árabe mató al monstruo y le sugirió al príncipe que se apuntara el tanto.  Agradecido por la hazaña, el gobernador le entregó al príncipe un barco al que secretamente había llenado de joyas.

Juntos, el príncipe y el árabe navegaron por mares inmensos hasta llegar a un lejano país.  Esta vez, el árabe instó al príncipe a que pidiera la mano de la hija del rey de ese lugar.  El rey escuchó su pedido, pero apenado, le informó que la princesa ya se había casado ciento noventa veces, y que cada uno de sus maridos había muerto en menos de doce horas después de la boda.   No importa, dijo el árabe.  El príncipe debe casarse con ella. 

Tan pronto el príncipe y la princesa se casaron, los sepultureros comenzaron a cavar una fosa.   Y cuando horas más tarde una pequeña serpiente reptó  hasta  la cámara nupcial, el árabe, vigilante, la vio y la mató.  A partir de ese momento, la princesa vivió muy feliz con su nuevo marido hasta que un día llegaron a oídos del príncipe importantes noticias de su pais.  Su padre había muerto.  Y él era ahora el nuevo rey.  Al día siguiente, el árabe le explicó a su amo que a él también lo habían llamado a su país razón por la que debía marcharse de inmediato y dejarlo solo.  Entonces el nuevo rey quiso recompensar al árabe por los servicios prestados y por salvarle la vida, pero éste lo rechazó todo y le reveló que en verdad,  él era el Pez de la Cabeza de Oro.