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lunes, 21 de octubre de 2013

EDOUARD ARTSRUNYAN, pintor armenio

Danza armenia
Edouard Artsrunyan
(1929-2010)






EDOUARD ARTSRUNYAN
(1929-2010)
 

 Nace el 28 de diciembre de 1929 en Leninakan (Gyumri) Armenia
1938 – 1944 estudia con Merkurov en la Escuela de Arte de Leninakan
1944 se traslada a Ereván y estudia en la Academia de Arte con P. Terlemezyan
1947 – 1951 vive en Leningrado, y estudia en la Academia de Arte de Leningrado.
1951 – 1957 estudia y se diploma en la Academia de Arte de Leningrado bajo la supervisión de Repin, en la facultad de pintura.

 1961 forma parte del gremio de pintores soviéticos.
 1963 – 1974 vive en Moscú y trabaja en "Plakat" una importante casa editorial;
participa en varias muestras y es premiado

 1974 regresa a Ereván

 1977 – 1978  recibe premios estatales de la URSS

 1978 – 1985 recibe seis veces el galardón de mejor obra and la muestra PU
1978-1991 recibe varios galardones como artista de la URSS

 1978 exhibe en Ereván, Echmiadzin, Gyumri
1989 exhibe en Moscú
1991-2004 exhibe en Francia, Gran Bretaña, Chipre, Teherán, EE UU y Rusia

2009 exhibe en Ereván y Giumri en celebración de su octogésimo aniversario.
Fallece el 5 de mayo de 2010 

 
 
 

 
Idea: Research Group Greek-Armenians
Traducción: N. Beredjiklian
 

sábado, 12 de octubre de 2013

UN ESTADO ARMENIO en la Argentina


ARMENIA EN LA ARGENTINA

por Armando Alonso Piñeiro

                 Los armenios de todo el mundo – y también los 75.000 que viven en la Argentina – celebran el 28 de mayo su “día nacional”.  Pocos son, sin embargo, los que recuerdan que la larga diáspora de ese pueblo estuvo a punto de tener un asombroso desenlace, constituyéndose el Estado Armenio nada menos que en territorio de la República Argentina.   Acaso esta afirmación pueda ser algo aventurada puesto que todo no pasó de un intento verbal y naturalmente el gobierno argentino en ningún momento y bajo ningún concepto podía permitir el desmembramiento del territorio nacional.  Pero a título de curiosidad, vale la pena recordar el episodio.


Los antecedentes.

                Los armenios no han sido un pueblo afortunado.  Aunque tienen vastos méritos para figurar con honra en la historia de la civilización (su existencia se remonta a 35 siglos atrás; la Biblia recuerda que Noé y sus hijos desembarcaron del Arca precisamente en Armenia y el cristianismo fue adoptado por este pueblo en el año 287, medio siglo antes que el Imperio Romano de Oriente bajo Constantino el Grade, diversos dominadores devastaron su territorio a lo largo de las centurias.

                Al expirar el siglo XIX, los armenios estaban bajo el poder del Imperio otomano, y como por supuesto había armenios en Armenia, al sultán Abdul-Hamid II no se le ocurrió mejor solución que organizar varias masacres en el período 1894-1896 para eliminarlos físicamente del territorio que Turquía detentaba.  En esos eficaces operativos murieron trescientos mil armenios.

                El problema no mejoró en los primeros años de este siglo, sino que se complicó con el estallido de la primera guerra mundial.  En 1915 los turcos llevaron a cabo nuevas y mortíferas matanzas, en lo que se conoce como el primer genocidio del siglo XX.   Historiadores contemporáneos  - caso de Arnold Toynbee- han condenado vigorosamente estos hechos, premonitorios de la “solución judía” instrumentada por el nazismo hitleriano veinticinco años después.

                En 1918 la situación internacional parecía facilitar las cosas.  Se constituyó el Estado Armenio con los territorios que había ocupado Rusia, de manera que el 28 de mayo se proclamó la independencia.  Un año después, también el 28 de mayo (aquí la fecha nacional), el territorio se amplió con las provincias armenias hasta entonces en poder de Turquía.  El Tratado de Sèvres, del 10 de agosto de 1920, legalizó este moderno renacimiento de Armenia.  

                Pero apenas si la nueva situación duró unas pocas semanas.  Las ambiciones soviéticas por un lado y las turcas por otro – ambas a la caza de nuevos territorios – hicieron olvidar prontamente los pactos internacionales.  Las potencias europeas signatarias del Tratado de Sèvres, además, olvidaron también sus compromisos.  Y mientras los turcos cañoneaban la llamada Armenia turca, los soviéticos hacían lo propio con la otra región, proclamando la República Socialista Soviética de Armenia.


El neutralismo de Yrigoyen.

                En los debates de la Sociedad de las Naciones celebrados en 1921 el problema continuó agitándose.  En general se sostenía  que los armenios tenían derecho a poseer un hogar propio.  Pero el delegado turco, Ismet Pashá, comparó el problema con el caso judío, negando la posibilidad de que los armenios volvieran a su tierra.  “¿Veis el difunto Hogar Judío en Palestina? Nadie va a construirlo”, ejemplificó quien evidentemente no tenía demasiadas dotes de clarividencia.

Ismet Pashá
(1873-1928)
                En esos tempestuosos debates comenzó a delinearse cada una de las posiciones en pugna.  Los soviéticos afirmaron que Moscú estaba dispuesta  a integrar Armenia, bajo el símbolo de la hoz y el martillo.  Los franceses propusieron que se creara una zona para los armenios cerca de Siria.  Los turcos trataron de conciliar simpáticamente las cosas sugiriendo que no había nada que impidiera la formación de un Estado armenio..., siempre que no fuera dentro de los límites armenios...

                “Una pintoresca nota, si todo el asunto no fuera en trágico – afirma una publicación oficial armenia -, la dio la sugerencia del delegado inglés Montgomery de que puesto que los turcos no aceptarían jamás el Hogar Nacional, se insistiera en que éste se creara en Brasil o en la Argentina.  Esta absurda iniciativa, fruto seguramente de la primitiva idea sionista en tal sentido, ya descartada, y fundada en la asimilación del caso armenio al judío en que los turcos no insistían, no tuvo ningún resultado “ El tratado de Sèvres y la cuestión armenia, Buenos Aires, 1970, p.57.

                Objetivamente, hay que reconocer que la idea de establecer el Estado Armenio en territorio argentino no era original del  delegado británico.  El político turco Ahmed Djevdet Bey escribió:  “Si los armenios no quieren vivir en absoluto con nosotros, pueden irse a la Argentina y allí establecer su población”.  Y añadía alegremente:   “Que sigan el ejemplo de los judíos, que viven tan felices sin reclamar ningún privilegio nacional”.  Djevdet Bey consideraba que la cuestión armenia estaba bellamente superada: “Así se han librado de un dolor de cabeza los turcos, las grandes potencias y los armenios”, era su conclusión.
 
 

Hipólito Yrigoyen
Presidente de Argentina
(n.1852 y m.1933)
 
                Lamentablemente,  no hay demasiados antecedentes sobre el pintoresco proyecto de una Armenia argentina – sin descartar que este atractivo tema pueda suscitar tentadoras investigaciones -, pero los armenios reaccionaron siempre contra la peregrina posibilidad.  “Como se ve – explican en el libro ya citado -, los dirigentes turcos no trepidaban con absoluta insolencia – seguros de que sus palabras nunca serían difundidas en este continente – en regalar burlonamente a sus víctimas armenias, territorios argentinos, sea directamente o por medio de delegados de otros países”. 

                Suele olvidarse, sin embargo, que la Argentina fue propuesta en la Liga de las Naciones como mandataria de Armenia.  En esos momentos nuestro país no estaba adherido aún a la entidad internacional, porque había aquí una fuerte resistencia a la afiliación.  Gobernaba la Argentina el radicalismo, con Hipólito Yrigoyen en la Casa Rosada, cuyo neutralismo internacional era proverbial.  Pero como lo acaba de señalar una historiadora norteamericana, fue la probabilidad de la designación argentina como mandataria de Armenia “lo que en realidad convenció a ese ámbito (el de los políticos y hombres de negocios) para apoyar el movimiento popular en favor de la unión con la Liga” (Jane Van Der Karr, La primera guerra mundial y la política económica argentina, Buenos Aires, 1974).

                Nuestro país se adhirió oficialmente a la precursora de la UN el 12 de julio de 1919.  No obstante, a fines de ese año la Casa Rosada se negó a aceptar el mandato sobre Armenia, basándose aparentemente en razones exclusivamente  financieras: la administración de Armenia iba a constituir una pesada carga económica.  Personalmente, juzgamos que el problema era más complejo: el radicalismo no deseaba complicaciones internacionales, un desenlace que no iba a poder evitarse.

 

Capítulo extraído de

Alonso Piñeiro, Armando: La historia argentina que muchos argentinos no conocen,  4ª. Edición, Buenos Aires, 1983.
              

 
 
 
 
 
 
 


   Armando Alonso Piñeiro, Premio Konex 1987


 Nació el 21/08/1934. Historiador, lingüista, filólogo y periodista. Fundador y Director, desde 1981, de la Revista-Libro Historia. Director de Ediciones AP y, desde 1976, del Estudio Alonso Piñeiro (consultores en comunicaciones profesionales).Miembro de la Academia Nacional de Periodismo. Presidente del Consejo Argentino de Estudios Económicos, Jurídicos y Sociales. Presidente del Observatorio Argentino de Comunicación Social. Presidente de la Academia Argentina de Arte y Ciencias de la Comunicación (1990-2007). Autor de más de 90 libros. Realizó más de 80 viajes al exterior de los cinco continentes. Participó en congresos nacionales e internacionales y realizó investigaciones históricas en Buenos Aires, Washington, Indiana, Londres, Bonn, Estocolmo, Madrid, Sevilla, Cartagena de Indias, Las Palmas, Bucarest y Budapest. Fue premiado en 140 oportunidades por organismos nacionales e internacionales.            
 
 
 



domingo, 8 de septiembre de 2013

TRES SIGLOS DE MATRIMONIO: BODAS ARMENIAS a partir de 1875 (en fotos).

Voski Reisian and Yeranos Topalian, Constantinopla,1875

 (Hishatak 1896-1930; Fotos y recuerdos de los álbumes de una familia armenia de los siglos XIX y XX)



 


Boda armenia en Partizak, 1915
(The National Geographic Magazine, Volume XXVIII, N.4)


La celebración de un matrimonio es una enciclopedia de cultura folclórica en la que se reflejan los orígenes más diversos.  Tal es el caso de la tradición armenia. 
 
 
 
Hovhannes and Taguhi Tarkhanyan-Hakobyanner, Constantinople,1886
Archivos del Proyecto SAVE

El elaborado  proceso de una boda armenia comenzaba cuando el hombre y la mujer se comprometían. La familia inmediata del futuro marido (padres, abuelos, y a menudo, tíos y tías) visitaban la casa de la mujer para pedir permiso al padre de ésta para que la relación continúe y prospere.  A veces, cuando la familia de la joven les rehusaba, el jefe de la villa se presentaba en la casa de la familia.  En esas ocasiones,  la familia del novio pedía agua;  si la misma joven era quien traía el agua, esto significaba que ella consentía al matrimonio. 
 
La ceremonia matrimonial de la familia Zoulumian, Kharberd, 1892
Archivos del Proyecto SAVE
 
Una vez conseguido el permiso y para hacerlo oficial,  el  hombre entregaba a la mujer un anillo de compromiso y la familia de la mujer servía coñac armenio.   El tiempo tradicional de espera hasta el matrimonio era de un año y se entendía que el novio y su familia pagaban la boda.  Si bien algunas tradiciones afirman que las bodas armenias duraban hasta siete días,  según los datos recogidos por la etnógrafa Gayane Shagoyan sobre las costumbres que imperaban  durante el siglo XIX,  las celebraciones duraban entre tres y cuatro días.  Y, por lo general, las bodas armenias se celebraban  los días sábado cuando el novio  y sus familiares recogían a la novia de su casa paterna y la llevaban a la casa del novio.
Ceremonia de la entrega de la dote, provincia de Van, 1900s,
de la colección privada de Michel Paboudjian 
 
 
La pareja Hajian, Aintab, 1910
de los archivos del Proyecto SAVE

 

Durante el período Unión Soviética








Tiempos Modernos

 
 
 
 
Foto de Suren Manvelyan
Fuente: panorama.am
Traducciones: Violeta Balián
 

miércoles, 28 de agosto de 2013

EL OTRO GENOCIDIO: el armenio.

 

Por  Julieta Roffo

Entre 1915 y 1923, a través de marchas forzadas, asesinatos, hambre y sed, el Imperio Otomano persiguió a la población armenia. Se estiman entre un millón y medio y dos millones de muertos.
     
   

          


26/08/13 - 12:58
El Holocausto que asedió mayormente a la población judía durante los años de nazismo es uno de los más grandes crímenes de la Humanidad, por su brutalidad y por su número inmenso de víctimas. Sin embargo, no se trató del único del siglo XX: unos años antes, entre 1915 y 1923, se produjo el genocidio armenio, considerado por muchos historiadores como el “primer genocidio sistemático moderno”, aunque al día de hoy el gobierno turco no lo reconozca como tal.

Esta matanza, cuyo número total de víctimas está estimado entre un millón y medio y dos millones de civiles armenios, comenzó el 24 de abril de 1915 cuando el gobierno del entonces Imperio Otomano, en mano de los Jóvenes Turcos, decidió apresar a 35 intelectuales armenios entre los que había escritores, médicos, sacerdotes y poetas, entre otros líderes de esa comunidad en lo que hoy es Estambul.

Algunos días después a ese 24 de abril, día en que hoy es mundialmente recordado el genocidio armenio, los detenidos ya eran 600 y muchos de ellos fueron asesinados. A principios de junio, el gobierno otomano ordenó deportar a toda la población armenia sin permitirles cargar con medios que les ayudaran a sobrevivir. No fueron el único grupo étnico perseguido, como ocurriría luego durante el nazismo: los asirios y los serbios, entre otros, también fueron asediados, aunque eran minoría.

La “coartada” de los Jóvenes Turcos al mando del Imperio Otomano era que los armenios estaban encabezando algunos movimientos rebeldes de corte nacionalista: con ese argumento, los obligaron a participar de marchas forzadas que duraban cientos de kilómetros, en las cuales los gendarmes, además, les robaban y los violaban, e imperaba el hambre y la sed que muchas veces conducían a la muerte. Según los historiadores que reconocen el genocidio, se calcula la existencia de unos 26 campos de concentración, algunos únicamente fosas comunes, otros lugares en los que las epidemias y la inanición terminaban con la vida de las víctimas. Esos campos se ubicaban especialmente cerca de las fronteras con Siria e Irak.

Esta grave matanza, a pesar de su masividad, es aún discutida en el mundo: sólo 22 Estados la reconocen como un genocidio, entre los cuales se cuenta la Argentina. Sin embargo, el 15 de diciembre de 1915, el New York Times titulaba “Un millón de armenios asesinados o en el exilio”, lo que da cuenta de la brutalidad desplegada por el Imperio Otomano. La actual República de Turquía no ha negado la masacre de civiles, pero aún así, no admite que se haya tratado de un genocidio: para este Estado no hubo un plan de exterminio masivo y sistemático, sino que se trató de “luchas inter-étnicas”. Las diferentes lecturas sobre este mismo hecho, entre otros conflictos, implicaron el cierre de la frontera entre Turquía y Armenia en 1994, aún vigente.

Un ejemplo de la negación por parte del estado turco del genocidio armenio son las duras críticas que el escritor Orhan Pamuk, nacido en Estambul en 1952 y ganador del Premio Nobel de Literatura en 2006, ha recibido en su país al referirse a la masiva matanza. No fue el único: también el escritor Kurt Vonnegut mencionó el tema en su novela “Barbazul”, de 1988, cuyo protagonista es un sobreviviente de ese genocidio. Y el cantante franco-armenio Charles Aznavour escribió en 1975 la canción “Ils sont tombés” (“Ellos cayeron”) inspirado en las víctimas.

En 1985, el Diario Armenia, una publicación de la comunidad de esa nación en la Argentina, incluyó en su edición el testimonio de Krikor Vartian, un sobreviviente de aquellos años nacido en 1903: “Cuando quedé solo en casa, una mañana, llegan soldados turcos a la ciudad, matando a todo armenio que encontraran en su camino. Sentí los gritos de la gente y me escondí en un subsuelo a 50 centímetros que tenía el piso de madera de la habitación. De pronto sentí cuando entraron y comenzaron a clavar sus lanzas en los pisos porque sabían que estos servían de escondite. Me puse contra un rincón y me salvé”, reconstruyó Vartian, y agregó: “Estos episodios similares a una película viven permanentemente delante de mis ojos cada vez que duermo. Siempre sueño con estas atrocidades y me despierto creyendo que estoy allí. Recuerdo que un día antes llovía y al día siguiente comenzaron a morir miles de personas. Ya no éramos tratados como gente, parecíamos animales…”.

La violencia deshumanizadora estaba a la orden del día, y se cobró miles de vidas, aunque casi cien años después todavía se discuta el nombre de aquella matanza.



Fuente:  Mundos Íntimos, Clarín (Buenos Aires, Argentina)
 

lunes, 5 de agosto de 2013

EN TURQUÍA: Códigos raciales secretos para las minorías


 
 
Pocos días después de que el semanario Agos (Estambul, Turquía) revelara el nuevo sistema de categorización de las minorías ciudadanas del país, el Ministro de Interior de Turquía confirmó que a dichas minorías se les había asignado “códigos” de acuerdo a la comunidad a la que pertenecían, y que esa información se enviaba al Ministerio de Educación.

La etnia  particular  de las “minorías ciudadanas” que se entrega al Ministerio de Educación explicó el Ministro en la declaración que se envió al semanario turco-armenio  Agos el 1 de agosto,  consiste de datos basados en el registro estatal en vigencia desde el período otomano.  En esa misma declaración, el Ministro agrega que los "registros contemporáneos" no registran ningún tipo de información acerca de la raza o secta de los ciudadanos, según lo informa el Hurriyet Daily News.
 “No existen términos de raza, datos reproductivos ni secta religiosa en los registros estatales”, señala la declaración enviada al semanario Agos.

El status de la raza de los ciudadanos minoritarios se obtiene de su nacionalidad o de la información racial que regía durante los tiempos del Imperio Otomano.  Éstos son enviados al Ministerio de Educación, de acuerdo con los artículos 40 y 41 del Tratado de Lausanne, firmado en 1923 entre Turquía y naciones occidentales en anticipación de la fundación de la República de Turquía.  Y se  señala también que en Turquía  “sólo los miembros de las comunidades minoritarias pueden registrar a sus hijos en escuelas minoritarias, de acuerdo con el tratado de Lausanne”.   Además, “respondiendo a las demandas ciudadanas, religiones como el Islam, el Cristianismo, el Judaísmo, el Hinduísmo, el Confucianismo, el Budismo, el Taoísmo o el Zoroatrianismo pueden registrarse en el Registro Familiar Estatal según los artículos 2 y 35 de la Ley No. 5490".

El debate sobre los “códigos raciales” surgió el 1 de agosto de 2013 después de que el semanario Agos  reportara un documento escrito por la Dirección Provincial de Educación de Estambul, en el que se revela que el sistema de administración de la población ha registrado a ciudadanos de origen armenio, judío o griego de Anatolia (Rum) con códigos raciales secretos.


Traducción: Violeta Balián

miércoles, 5 de junio de 2013

EL PAPA FRANCISCO reitera su reconocimiento del Genocidio Armenio


Su Santidad el Papa Francisco
“Durante una reunión que tuvo lugar el lunes pasado con una delegación dirigida por Nerses Bedros XIX, el Patriarca y Catolicos de Cilicia de los Católicos Armenios en el Vaticano, el Papa Francisco reiteró su previo reconocimiento y repudio del genocidio armenio, " reportó Asbarez citando al Diario Armenia.

Al saludar a uno de los descendientes de una víctima del Genocidio Armenio, el Papa afirmó que “el primer genocidio del siglo XX fue el de los armenios.”
En años anteriores, cuando encabezaba la Iglesia Católica en Buenos Aires como el Cardenal Jorge Bergoglio , el Santo Padre se expresó de la misma forma.  Y hace siete años, durante los eventos que marcaron el nonagésimo primer aniversario del Genocidio Armenio en Buenos Aires, el entonces Arzobispo de Buenos Aires, Jorge Mario Bergoglio  instó firmemente a Turquía a reconocer el Genocidio Armenio como “el crimen más grave de la Turquía Otomana contra la nación armenia y la humanidad.”


Fuente: News from Armenia- news.am
Traducción: Violeta Balián

martes, 23 de abril de 2013

24 de abril de 1915


Una anciana en profundo desconsuelo sentada en las escalinatas del Monumento
 a la Memoria del Genocidio, en Erevan, capital de Armenia.



Fuente de la foto: Organización Heifer (2012)

sábado, 23 de marzo de 2013

LEON V de ARMENIA, I SEÑOR de MADRID

Escudo de armas del Reino Armenio de Cilicia
(1078-1375)

El último reino de Armenia se configuró como un estado independiente en el año 1078 cuando grupos de armenios huyendo de las invasiones de los turcos selyúcidas, se afincaron en Cilicia, la región sudoriental de la presente Turquía, poniendo a salvo vidas y tradiciones armenias.  El nuevo reino fue fundado por la dinastía de los Rupénidas, una rama menor de la gran familia de los Bagrátidas. 

León V (o VI) de Armenia
(1342-1393)

León V de Armenia de la casa de Lusignan, nació en Chipre en 1342, hijo de Juan de Lusignan e Isabel de Armenia, esta última descendiente de  Rupén,  fundador de la dinastía  de los Rupénidas.  Con el apoyo de los cruzados, el reino de Cilicia duró  hasta  1375 cuando fue invadido por los mamelucos y el rey León, su esposa, Margarita de Soissons  e hijos, trasladados a Jerusalén y luego a El Cairo donde se los mantuvo en prisión.


Reino Armenio de Cilicia
(1078-1375)
El franciscano Jean D´Ardel, secretario y confesor del rey,  y posteriormente obispo de Tortíboli en el reino de Nápoles,  envió cartas de petición de socorro desde la capital egipcia a un buen número de reyes cristianos de toda Europa.  En 1379, el mismo León envió su propio sello y credenciales al reino de Aragón, donde a fines de 1380 lo recibiría don Pedro IV, el Ceremonioso.  Asimismo, el fraile continuó su demanda de rescate para el rey León de Armenia  en muchos otros reinos de Occidente.  A mediados de 1382, D´Ardel regresó a El Cairo con tropas al mando de Juan de Loric financiadas por Aragón y Castilla.  Liberado, el monarca armenio llegó a Venecia a fines de 1382 y de allí se trasladó a Aviñón  a rendirle homenaje al papa Clemente VII y solicitarle la convocatoria de una nueva cruzada para liberar al reino de Armenia, el último bastión de la Cristiandad en el Oriente, a la sazón dominado por los musulmanes.  León V continuó su viaje sin una promesa papal ya que su principal objetivo era agradecer al señor de Aragón  su rescate y más tarde recalar en la corte de don Juan I de Castilla.  El monarca castellano, gran caballero, le trató como a un miembro de la realeza y le concedió el señorío de Madrid, Andújar y Villareal (hoy, Ciudad Real)  que suponía una renta de 150,000 maravedíes.  Una fortuna en aquella época.  León V de Armenia, ahora León I, señor de Madrid, se afincó temporalmente en el lugar, dispuso reformas en el Alcázar y ejerció su dominio señorial durante diez años. 


Alcázar de Madrid
En 1384 León se trasladó a París porque el rey Carlos VI de Francia le había cedido el señorío de Saint-Ouen, un castillo con importantes rentas.  Y  durante el período 1389-1392, ejerció como mediador entre los monarcas de Inglaterra y Francia, con el ánimo de conseguir que las tropas enfrentadas en la guerra de los cien años se coaligaran en favor de una cruzada que rescatara sus perdidos dominios para la cristiandad.
Sin recuperar su trono, León V, rey de Armenia y señor de Madrid,  falleció en París el veintinueve de noviembre de 1393. Adorna su tumba una efigie labrada en vida del monarca.  León V porta cetro en una mano (posteriormente extraviado durante la Revolución Francesa) y guantes en la otra, un símbolo de su carácter de soberano.

Tumba de León V de Armenia en
la Basílica de Saint-Denis (Paris, Francia)

León V de Armenia, descansa hoy en la basílica real de Saint- Denís de París.
León V de Armenia tuvo una hija legítima, Marie de Lusignan, que murió en El Cairo en 1381 y dos hijos ilegítimos, Guido de Armenia (m. 1405) y Esteban de Lusignan, un caballero en Sis.   Al morir el rey, el título de rey de Armenia lo tomó un primo lejano,  Jaime I de Chipre.

Violeta Balián, 2013




Fuente:  T.S.R. Boase, ed., The Cilician Kingdom of Armenia, Scottish Academic Press, 1978.
Blog de heráldica  www.blogdeheraldica.blogspot.com

jueves, 21 de marzo de 2013

PRESENTACIÓN EN LA SALA SIRANOUSH de Buenos Aires

Nélida Boulgourdjian-Toufeksian y Juan Carlos Toufeksian


El martes 12 de marzo se presentó en la Sala Siranush del Centro Armenio el libro "Inmigración armenia en la Argentina. Perfiles de una historia centenaria a partir de las Listas de Pasajeros (1889-1979)", de Nélida Boulgourdjian-Toufeksian y Juan Carlos Toufeksian, publicado por la Fundación Memoria del Genocidio Armenio, una recopilación documental que reúne a los armenios ingresados por el puerto de Buenos Aires, desde fines del siglo XIX hasta 1979, donde se pueden encontrar datos como nombre y apellido, puerto de embarque, fecha, ocupación, religión e idioma que habla. El panel estuvo integrado por el Lic.Adolfo Koutoudjian, la Prof. Alicia Bernasconi y el Lic. Claudio Avruj.



Presentación del libro en la Sala Siranoush (Buenos Aires)


Estuvieron presentes el Arzobispo Kissag Mouradian, Primado de la Iglesia Apostólica Armenia en la República Argentina, el Embajador de la República de Armenia, D. Vahagn Melikian, el presidente del Centro Armenio, Dr. Alberto Djeredjian, y representantes de las organizaciones armenias.
El libro es el fruto de un formidable trabajo de investigación de los autores, y ya se puede adquirir en el Centro Armenio.

Las fotos del evento son gentileza de Vahe Mikayelyan Vahuni
Fuente: Centro Armenio (Buenos Aires, Argentina)

martes, 12 de marzo de 2013

LOS CUARENTA DÍAS DE MUSA DAGH

Franz Werfel

 

Franz Werfel
(1890-1945)

La gran novela del genocidio armenio

Por Marcos Aguinis | LA NACION

Se cumplen ochenta años de la estremecedora novela épica Los cuarenta días de Musa Dagh. Su denuncia fue un rayo que partió conciencias dormidas y se convirtió en uno de los libros más frecuentados de la época. En medio de la ignorancia, la censura y ajenas urgencias, el planificado asesinato de todo un pueblo había quedado en el más oscuro rincón de las agendas. Con una prosa restallante, su autor describe las atrocidades cometidas por el decadente imperio otomano y cómo se construyó una resistencia que involucró las aldeas que rodean la montaña de Musa Dagh. Aislados, sin comida y sin recursos, un millar y medio de personas se negaron a dejarse arrollar. Es interesante el apoyo que durante esa tragedia les brindó el pastor alemán Lepsius, quien mantuvo un esclarecedor diálogo con Ever Pashá, comandante turco. Este jefe explicó sin cortapisas las razones (o sinrazones) de su gobierno para deportar y asesinar a "los piojos" de su país: el pueblo armenio. La lucha duró cuarenta días, hasta que acudió a rescatarlos una fracción de la armada francesa. El escalofriante y largo episodio pasó a transformarse en un símbolo de la tragedia que quedó inscripta para siempre en el corazón de los armenios.

El autor de esa novela basada en hechos reales fue Franz Werfel, narrador, dramaturgo y poeta nacido en Praga en 1890.  Integra la vasta lista de los grandes creadores de la Europa central de aquella época y se lo suele asociar con la corriente expresionista. Su vida también fue de novela. Sirvió en el ejército austrohúngaro durante la Primera Guerra Mundial, con tareas militares en el frente ruso y como agente de prensa. Pero no pudo evitar que se lo condenase por traición a la patria debido a su provocador pacifismo. Las obras que empezó a publicar lo bendijeron con una rápida fama y en 1929 se casó con Alma Schindler, viuda del compositor Gustav Mahler.

Imposible no incorporar un párrafo sobre esa bella, culta e inteligente mujer, que lo acompañó hasta su muerte y había sido la joya más codiciada de su tiempo. Dotada de notable sensibilidad artística y avanzado espíritu rebelde, compositora ella misma e hija de un celebrado plástico, Alma recibió "el primer beso" del pintor Gustav Klimt, fue pareja del pianista Zemlinski y tuvo un affaire con el pintor Oskar Kokoschka. Se enamoró y casó con Mahler, cuyo apellido adoptó para siempre.




Alma Mahler
(1879-1964)


Pero luego se entusiasmó con Walter Gropius, quien fundó la mundialmente aplaudida escuela Bauhaus. Después del fallecimiento de Mahler y un socialmente correcto intervalo, se casó con Gropius. Pero la pareja dejó de funcionar al introducirse en la escena el escritor Franz Werfel. Alma Mahler se divorció de Gropius y se casó con Werfel. Lo acompañó como una musa mientras redactaba la electrizante gran novela Los cuarenta días de Musa Dagh.



Es curioso que haya sido publicada en el mismo año que Adolf Hitler tomó el poder en Alemania. También es curioso que, pese a que la obra alcanzó una acelerada aceptación planetaria, Hitler avanzó con sus siniestros planes antisemitas repitiendo la frase "¿quién se acuerda del genocidio armenio?".
Cuando en 1938 se produjo la anexión que incorporó Austria al Tercer Reich (con el júbilo irresponsable de la inmensa mayoría del país), Werfel, su esposa y sus hijos -lo mismo que Freud y otras celebridades- tuvieron que dejar Viena. Se dirigieron a Francia, donde fueron testigos de la invasión nazi. Entonces Werfel con su familia se desplazó hacia el Sur, hacia Lourdes, que había quedado bajo el gobierno cómplice de Vichy. Parecía que la furia genocida inaugurada en el siglo XX con los armenios no llegaría tan lejos. Fue acogido por los monjes del santuario, pero llegó el momento en que ningún judío se podía considerar a salvo dentro de la Francia ocupada ni de la Francia sometida. Consiguieron embarcarse a los Estados Unidos, donde compuso la famosa "Canción de Bernadette", donde narra los milagros de la Virgen, obra que pronto fue llevada al cine y obtuvo un Oscar. Corresponde, por lo tanto, señalar que fue un judío quien compuso la primera y electrizante novela sobre el genocidio armenio y que fue ese mismo judío quien dotó de verosimilitud, ternura y espiritualidad al milagro de Lourdes.
También fue judío quien acuñó la palabra genocidio. Se trata del abogado polaco Rafael Lemkin, que la propuso en 1944, antes de acabar la Segunda Guerra Mundial y cuando aún no se tenían claras noticias sobre los horrores del Holocausto. Lemkin se refería a las matanzas cometidas por motivos raciales, nacionales y religiosos. Fundamentó su tesis en las atrocidades llevadas a cabo contra el pueblo armenio en 1915. Gracias a sus esfuerzos consiguió que el tribunal de Nürenberg definiera como crímenes contra la humanidad el "asesinato, exterminio, esclavitud, deportación, persecución y cualquier otro acto inhumano contra la población civil, por motivos religiosos, raciales o políticos".
Los historiadores suelen fijar el comienzo de la atmósfera que llevó al genocidio armenio en el golpe de Estado que impusieron los llamados Jóvenes Turcos. El nacionalismo exacerbado, empero, los indujo a canjear las tendencias modernizadoras por una expansión del imperio otomano y "la unión sagrada de la raza turca". Armenia, por su ubicación geográfica, por haber sido la primera nación en convertirse al cristianismo y por insistir en sus reivindicaciones sociales, se convirtió en un escollo. El 24 de abril de 1915 estalló la primera y espantosa manifestación del delirio con el arresto de las 235 personalidades armenias más relevantes -científicos, escritores, sacerdotes, docentes, líderes políticos-, conforme a una lista previamente confeccionada. Ese número pronto ascendió a ocho centenares. Era una decapitación que pretendía privar al pueblo de una orientación confiable e impedir que las noticias cruzaran las fronteras. Al mismo tiempo se organizaron "brigadas de trabajo" con hombres de 16 a 60 años, destinados a construir caminos y trincheras en los que luego se los ejecutaba sin explicarles el motivo. Muchos morían antes del tiro mortal por la extenuación física, la carencia de alimentos, los castigos brutales y la falta de higiene.
A mediados de 1915 empezó la salvaje etapa de empujar niños, mujeres y ancianos hacia el desierto que ahora pertenece a partes de Siria, Irak y Arabia Saudita. Los hacían marchar semidesnudos, descalzos, hambrientos, infectados, heridos, sedientos y aterrorizados. Iban cayendo sobre las arenas que servían de sepulcro, sin que se necesitase gastar la pólvora de las municiones. No conformes con esta "limpieza", buscaron a quienes se habían escondido en orfelinatos o en el interior de las viviendas donde familias turcas decentes y corajudas les brindaron asilo.
Después de la guerra, la comunidad internacional condenó el genocidio armenio, en el que fueron asesinadas un millón y medio de personas. Varios países habían advertido, ya en 1915, que los Jóvenes Turcos serían acusados por el extraordinario crimen. En la actualidad sólo fanáticos son capaces de negarlo. Pero aún la cuestión sigue abierta, porque el gobierno de Turquía se resiste a reconocer su responsabilidad. Contra esa posición se han manifestado grandes intelectuales turcos, incluido el premio Nobel de Literatura Orhan Pamuk.
A partir de esa masacre creció la llamada diáspora armenia, que ha producido incontables figuras de gran prestigio en todos los campos de la actividad humana. Cuando Franz Werfel publicó en 1933 su gran novela sobre la resistencia ejemplar en torno a una montaña, no podía sospechar que ese pueblo era en sí mismo una montaña difícil de abatir.
© LA NACION.

viernes, 8 de marzo de 2013

UN HOMENAJE A LA MUJER ARMENIA


Del Centro de Creatividad Artística para niños y jóvenes, Stepanakert, Artsakh.
Foto de Marina Mkhitaryan, Stepanakert, Verano-2012.



La historia de Mariam Chilingirian
Durante las luchas revolucionarias que tuvieron lugar en Urfa, en 1915, Mariam Chilinguirian participó como líder de un grupo armado de mujeres vestidas como hombres, entre ellas Gemchian, Mirzayan  y Tuptupyan, y encargadas de seguir las pistas de las tropas turcas.  Mariam defendió la posición rebelde de Sakachontz.   

Mariam Chilingirian
( ¿ ? )

Según quienes la conocieron,  Mariam era una persona sensata y equilibrada que sabía cómo alentar y avivar el espíritu de sus compañeros de lucha.  Cuando las tropas turcas asesinaron a Harutuyn Rastgelenian en el patio de la iglesia, Mariam avanzó para recoger el cadáver de su compañero y arrastrarlo dentro del edificio; en el intento, las balas enemigas le hirieron la pierna.  Como resultado quedó coja y de ahí en adelante la llamaron “Timurleng”.
Al concluir la lucha Mariam fue arrestada y sentenciada a muerte pero la condena se  conmutó a 101 años de prisión junto con la de Yeghisabet Yotneghperian.   Y durante el armisticio de 1918, Miriam fue liberada.

Traducción: Violeta Balián

lunes, 4 de marzo de 2013

INMIGRACIÓN ARMENIA en la Argentina

Inmigrantes armenios arribando a Buenos Aires a principios del siglo XX

Nélida Boulgourdjian-Toufeksian y Juan Carlos Toufeksian presentan su libro Inmigración armenia en la Argentina. Perfiles de una historia centenaria a partir de las Listas de Pasajeros (1889-1979), publicado por la Fundación Memoria del Genocidio armenio.
 Se trata de una recopilación documental que insumió más de diez años y que reúne a los armenios ingresados por el puerto de Buenos Aires, desde fines del siglo XIX hasta 1979. En él se pueden encontrar datos como nombre y apellido, puerto de embarque, fecha, ocupación, religión, idioma que habla.


Hotel de inmigrantes (Buenos Aires, 1912)


Asimismo, esta fundamental recopilación está precedida de un análisis sobre la composición del flujo migratorio, sus tendencias y datos nominativos significativos sobre los inmigrantes. También esta publicación pone al servicio de las nuevas generaciones de descendientes de armenios una información significativa para su propia construcción identitaria.




Juan Carlos Toufeksian (último a la izquierda)
y Nélida Boulgourdjian Toufeksian (segunda desde la derecha)

La presentación del libro se llevará a cabo en el Salón Siranoush, Armenia 1353, el 12 de marzo a las 19 horas y al final  se servirá un vino de honor.

Estamos todos invitados.

                                                     

jueves, 7 de febrero de 2013

EL ATROZ RECUERDO


 

 

Publicado hace 90 años, “Un proceso histórico” reconstruye el plan macabro detrás del genocidio armenio.


POR Cristian Sirouyan



Con las primeras matanzas organizadas por el Imperio Otomano en Turquía oriental, el siglo XX terminaría para el pueblo armenio en un calvario que nadie quiso atender. El saldo de esa prueba piloto de exterminio –crimen que en 1944 el jurista polaco de origen judío Raphael Lemkin iba a definir como “genocidio”– fue de 300 mil muertos, miles de forzadas conversiones del cristianismo al Islam y un desesperado éxodo de emigrantes sin rumbo.
Ese plan atroz marcaría una tendencia, profundizada a partir de 1908 con la llegada al poder del Comité Unión y Progreso de los Jóvenes Turcos, hasta alcanzar su pico máximo en 1915. Para poner en práctica su desbocada escalada destructiva de una cultura milenaria, los gobernantes turcos contaban con la inestimable indiferencia de las potencias europeas, por esos días ocupadas en los menesteres de la Primera Guerra Mundial.
El descuido de unos y el plan criminal de otros resultaron el caldo de cultivo para que se consumara la tragedia, que alcanzó la cifra de un millón y medio de armenios masacrados. Esta vez era la nueva centuria que daba sus primeros pasos de la peor manera y golpeaba –como tantas veces volvería a ocurrir en el siglo XX– a la humanidad toda.
La página más dolorosa que registra la historia del pueblo armenio en sus 5 mil años de recorrido es reflejada en el libro Un proceso histórico. Absolución al ejecutor del genocida turco Talaat Pashá, en una flamante reedición de Ediar, enriquecida por un estudio preliminar del juez de la Corte Suprema Raúl Zaffaroni, el prefacio a cargo del Consejo Nacional Armenio de Sudamérica, prólogos de Osvaldo Bayer y Leopoldo Schiffrin –juez de la Cámara de Apelaciones de La Plata– y comentarios finales de Carlos Rozansky y Daniel Rafecas, otros prestigiosos juristas del país.
La obra original, publicada hace 90 años por la Congregación Mekhitarista de Viena, transcribe interrogatorios, testimonios, acusación, alegatos y sentencia del juicio oral del 2 y el 3 de junio de 1921 en Berlín contra Soghomón Tehlirian, acusado por el asesinato del ministro del Interior turco en tiempos del genocidio, Talaat Pashá, ocurrido en marzo de ese año. El jerarca y su colega Enver Pashá –ex ministro de Guerra– habían encontrado refugio en Alemania, después de haberse fugado de su país, una vez que un tribunal de Constantinopla (actual Estambul) los encontrara culpables y dictaminara “pena de muerte” en 1919.
Después de que apenas la cuarta parte de sus compatriotas lograra ponerse a salvo, el verdugo de Talaat –un joven de 24 años nacido en Erzingá, parte de los territorios de Turquía reclamados por los armenios– no soportó la impunidad y se propuso perseguir al tirano, sin otro ánimo que paliar con violencia su propio dolor, que lo flagelaba. Tehlirian arrastraba las imágenes de su familia masacrada. Recordaba en detalle –algo que debió relatar una y otra vez en el banquillo de Berlín– cómo le partían la cabeza a su hermano y de qué manera tuvo que soportar ver el cuerpo exánime de su madre arrojado sin el menor atisbo de piedad. El proceso a la víctima armenia transformada en victimario da pie a un inevitable debate ético y sugiere el patrón común que vincula la planificación, la concreción y las nefastas consecuencias del genocidio sufrido por el pueblo armenio –jamás reconocido por el Estado turco– con el holocausto nazi y el plan sistemático de exterminio diseñado y puesto en práctica en la Argentina por la dictadura militar. Revela, además, la interminable puja que la Justicia lidia con la impunidad.


Fuente: Revista Ñ (Diario Clarín, Buenos Aires) - 6 de febrero de 2013